Kairos Misionero

La misión: el mejor regalo de mi vida

Ser misionera no es nada místico, ni complejo, lo único necesario es tener una verdadera vocación, sentir un llamado real de Dios a servirle en los más necesitados, sin importar lo que tengamos que hacer por ellos.

Primera parte – Alejandra Girón

Mi primera experiencia de misión como tal, fue en Inglaterra en 2014 y de manera accidental, yo ni siquiera sabía qué hacía una misionera (después entendí que no fue accidente, era Dios actuando). El sacerdote de la parroquia a la que asistía y otro amigo me invitaron a participar y organizar una campaña pro-vida contra el aborto que se llamaba ‘40 Días por la Vida’, a realizarse durante los 40 días de la Cuaresma y que consistía en una vigilia pacífica y permanente de oración en las afueras de una clínica de abortos (tristemente, el aborto en Europa es legal). Permanecimos ahí, junto a voluntarios que llegaban de diferentes ciudades, durante 12 horas diarias rezando, en mi vida había rezado y/o meditado tantos Rosarios, Coronillas de la Divina Misericordia, etc. Allí confirmé que la Virgen María es ‘el camino más corto y fácil para llegar a Jesús y, por tanto, al cielo’.

Rezábamos por las mamás que entraban a la clínica, por sus acompañantes y por el staff de la clínica que participaba en esos crímenes. Era una campaña de amor, queríamos que las personas que estaban ahí supieran que Dios los amaba y que, de alguna manera, se dieran cuenta –pero sin que se sintieran juzgados- que lo que estaban haciendo era un atentado contra la vida, porque sólo Dios da y quita la vida.

Por supuesto, éramos atacadas todos los días, ¡pero gracias a Dios eran más quienes nos demostraban su apoyo! Al principio tuve miedo, pensaba que no iba a ser capaz de organizar algo así y que físicamente no iba a aguantar, pero cuando Dios quiere usar nuestra nada, Él mismo va dando la gracia. Si Dios quiere darte un regalo, lo va a envolver en un problema y entre más grande sea éste, ¡más grandioso será el regalo! Y es muy cierto, esta experiencia (yo aún sin saber que, en efecto, sería mi primera misión) fue y seguirá siendo la experiencia de misión más importante de mi vida, porque fue la que me llevó a mi conversión, a transformar mi vida y sobretodo me abrió los ojos para ver que Dios lo es todo, que sin Él como centro de mi vida no soy NADA, que el verdadero amor y la felicidad sólo lo encontramos en Él y con Él! 

Algo importante que me impulsó a continuar, una vez que regresé a Honduras, fue que al comunicarle a mi mamá que había encontrado a Dios de verdad, que me había enamorado locamente de Él y que ya no quería seguir ejerciendo mi profesión, ni casarme ni tener hijos, que sólo quería trabajar para Dios y servirlo por el resto de mi vida, ella maravillada se levantó con los ojos a punto de llorar y emocionada y me abrazó diciendo: “ya encontraste el éxito, no necesitas nada más”. Esa reacción y el apoyo incondicional de mi madre hacia la nueva vida que ahora había escogido vivir, fue lo que me empujó y animó aun más a seguir con mi locura. El mejor regalo de mi vida.

Foto 1

Alejandra Girón entendió que Dios quería que le sirviera en los necesitados. Aquí con Emilio y Francisca, adultos mayores de Amazonas, Brasil.

A propósito del Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), que cae este año el 23 de octubre, Fides publica el testimonio de una compatriota.

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