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Editorial del Domingo 23 de Octubre de 2016

Construir la paz

El Papa San Juan Pablo II definía la paz como un valor espiritual y el Beato Papa Pablo VI resaltaba la condición de la paz como un deber universal. En el fondo lo que ambos pontífices estaban señalando, es lo que afirma el Papa Francisco: “la paz es un don demasiado precioso, que debe ser tutelado y promovido”.

La vivencia de la paz es un requisito inherente a la convivencia humana, necesaria para que todos los pueblos y personas, tengan una vida digna y la posibilidad de desarrollarse individual y colectivamente de una manera integral.

Y es que para que pueda construirse la paz en una comunidad humana, debe estar cimentada en la verdad; con absoluto respeto por la justicia; impregnada por el amor a Dios y al prójimo; y deseada y asumida en la libertad de cada persona

Los países del triángulo norte de Centroamérica, sufren de una situación de intensa violencia. Lo cual es la consecuencia de que sus territorios fueron convertidos en ruta de tránsito de la droga, que se consume en las naciones de Norteamérica. Es un clima de terror en el que viven muchas familias sujetas a los abusos de sicarios, extorsionadores, asaltantes etc. que hasta utilizan menores de edad que son enviados a delinquir.

El problema de la violencia criminal se ha agudizado, al difundirse que muchos miembros de organismos  operadores de justicia, han estado coludidos con el crimen organizado. Ello ha creado un ambiente de pánico, pues nadie se atreve a denunciar hechos delictivos o a señalar a los actores criminales, por temor a las represalias que puedan venir de los distintos grupos de malhechores organizados.

El problema de la violencia, necesariamente debe ser atacado por el gobierno quien es el responsable de conservar el orden público. Pero también es un asunto que implica a cada ciudadano, obligado a cumplir, con celo y diligencia, los deberes que le competen en el seno del hogar y en su trabajo, en la vida política y en la vida social.

Cada hondureño está llamado a asumir su responsabilidad en el desarrollo de la nación, teniendo una conciencia clara acerca del Bien Común de la sociedad. Reconociendo que la desigualdad es el peor de los males que afligen a la población hondureña, y que es preciso tener una actitud solidaria, para colaborar y ayudar en lo que sea posible, a las personas que forman parte del entorno donde se vive.

Recordemos que Honduras se encuentra en una etapa de gran efervescencia política pues el próximo año se practicarán las elecciones generales para el cambio de régimen gubernamental. Y se aprecia mucho entusiasmo y actividad en los distintos partidos políticos por participar en el evento eleccionario.

Aunque es preciso indicar que en honor a la verdad, las vísperas que se observan de esta actividad electoral son preocupantes. Se perciben muestras de que existe mucho irrespeto, crispación e irritabilidad entre los adversarios políticos. Ello  podría conducir a la gestación de una atmósfera  política impregnada de conflictos violentos.

Para evitar serias alteraciones de la paz, será mandatorio aprovechar las posibilidades de establecer diálogos y consensos, que conduzcan al desarrollo de un proceso eleccionario que satisfaga a todos los grupos políticos participantes.

En la situación de pobreza y exclusión en que vive la mayoría de la población, es imperativo reconocer que los conflictos políticos, dirimidos por la vía de la violencia, no tendrán resultados que mejoren las condiciones de vida de los más pobres y necesitados. Ya que no será posible arribar a soluciones que favorezcan el mantenimiento de la paz social, tan necesaria para el devenir saludable de la población.

El Papa Francisco expresó lo siguiente: “no es la cultura del enfrentamiento, la cultura del conflicto la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino la cultura del encuentro, la cultura del diálogo: este es el único camino que conduce a la paz”

Construir la paz es el deber ineludible de todo hondureño. Hay que recordar que la paz tiene su fundamento en el orden racional y moral de toda sociedad humana. La paz está fundada en una correcta concepción de la centralidad de la persona humana, y sólo puede subsistir cuando se respeta el orden social, según la Justicia y el Amor.

Recordemos las sabias palabras del Señor Jesús. “Perdona nuestras ofensas….como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

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