Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Criterios de elección

Criterios de elección
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
El criterio es un valor que nos sirve de metro o baremo para “medir” o calibrar nuestras decisiones.  Esto se oye bien, pero es un tanto complicado. Pongámoslo más fácil, dando un par de ejemplos. Si tengo que elegir un menú para atender invitados en la casa, aplico varios criterios como el precio (“¿cuánto me va a costar?”), o la salud (“¿podrá comer de esto la persona que invito?”), o bien la destreza culinaria (“¿será una receta fácil de hacer?”).  Si debo elegir una carrera profesional, aplico el criterio de aptitud (“¿he demostrado que puedo con las materias que son fundamentales en este aprendizaje?”),  de inclinación (“¿me gusta esa profesión como para dedicarme a ella toda la vida?”),  de accesibilidad (“¿es ofrecida por un centro educativo en el que pueda matricularme?”).
Elegir con criterio equivale a no hacerlo por simple costumbre (“en mi casa siempre hemos votado por…”), ni por el beneficio personal  (“no me gusta el candidato, pero es el mejor amigo de mi cuñado, y entonces…”), ni mucho menos por razones superfluas (“es que es muy guapo…”), o, peor aún, ilícitas (“nos pistearon”).  Elegir con criterio es saber valorar el significado y alcances del acto electoral. Los ciudadanos tenemos la obligación de darnos los mejores funcionarios públicos que podamos, en función del bien común y de conformidad a nuestra conciencia.
Elegir los mejores posibles, en el marco de las limitaciones que impone la lógica partidaria en las elecciones primarias, cuando las hay. Si no conozco a los candidatos, debemos tratar de informarnos, con personas dignas de crédito y de criterio amplio. Somos nosotros quienes empoderamos a los gobernantes. Al respecto, afirma la Iglesia: «El gobierno democrático, en efecto, se define a partir de la atribución, por parte del pueblo, de poderes y funciones, que deben ejercitarse en su nombre, por su cuenta y a su favor; es evidente, pues, que toda democracia debe ser participativa» (Compendio D.S.I. 190).
Elegir en función del bien común es tener presente las posibilidades de mayor bienestar para todos. En nuestro país esto equivale a revisar si hay propuestas serias sobre la reducción de la pobreza, la generación de empleo, la lucha contra la corrupción, el freno a la impunidad, la mejora en la educación y la salud. «El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo.  El bien común corresponde a las inclinaciones más elevadas del hombre, pero es un bien arduo de alcanzar, porque exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio» (Compendio D.S.I. 167).
Elegir de conformidad a la conciencia supone contrastar las propuestas contra aquellos valores que me son más estimables. En efecto, la conciencia es informarse y valorar la información  para ver si corresponde a lo que sabemos que es bueno, justo, oportuno, deseable, y conforme al plan de Dios. Al respecto, el Magisterio nos sirve de guía eficaz. «Toca a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de una forma nueva y profunda la realidad y transformarla; que la esperanza cristiana ensancha el horizonte limitado del hombre y lo proyecta hacia la verdadera altura de su ser, hacia Dios; que la caridad en la verdad es la fuerza más eficaz capaz de cambiar el mundo; que el Evangelio es garantía de libertad y mensaje de liberación» (Benedicto XVI, 21 mayo 2010).

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