Editorial

Editorial del Domingo 16 de Octubre de 2016

Concordia y reconciliación
El Acuerdo de Paz en Colombia, fruto de largos años de discusión, y que fuera firmado por el presidente Juan Manuel Santos y los líderes de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), no ha podido ponerse en vigencia, dado el resultado del reciente plebiscito, ya que el 50,21% de los votantes, expresaron “no” a su aprobación.
Tanto las FARC, como el gobierno colombiano, están de acuerdo en que persista el cese al fuego de manera bilateral y definitiva. También están dispuestos a  discutir “propuestas de ajuste” a dicho Acuerdo de Paz. O sea, que las partes signatarias están decididas en llevar a feliz término una salida negociada al conflicto.
Al plebiscito no concurrieron a expresar su opinión, el 70% de los colombianos que tienen capacidad de sufragar. Lo cual no es un rechazo al proceso de paz, pues los daños de la conflagración interna han sido desastrosos: 280,000 muertos; 45.000 desaparecidos y lo más doloroso un total de 6,9 millones de población desplazada.
El pueblo colombiano anhela la paz, desde hace muchos años, pero la mayoría no está de acuerdo en que el precio de la paz, sea la impunidad de la organización guerrillera. Es algo que quienes han sido las víctimas o los familiares de las víctimas no pueden entender.
Y tampoco están de acuerdo en la necesidad de hacer “borrón y cuenta nueva”, de manera que las FARC se transformen en una organización política que ha de participar en los próximos procesos eleccionarios.
Existen fuerzas políticas como el “Centro Democrático” liderado por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, que hizo campaña por que en el plebiscito el pueblo votara por el “no”, aduciendo que el Acuerdo de Paz debería haber tenido en su discusión, mayor participación. En cambio, el pensamiento del presidente Santos es acabar con la guerra, y estima que para lograrlo “debe hacerlo con capacidad de perdón y reconciliación”.
Por la decisiva actitud del presidente Santos, de buscar la paz a toda costa, el Comité Nobel Noruego decidió concederle el Premio Nobel de la Paz correspondiente al año 2016. Para la adjudicación del Premio se adujo: “Por sus grandes esfuerzos para finalizar la guerra civil de más de 50 años en Colombia”.
El presidente Santos, ha decidido que es necesario poner a las víctimas del conflicto en el punto central de toda decisión. Por lo cual recibe el Nobel de la Paz, en el nombre de los “millones de víctimas” que ha dejado el conflicto armado. Y por ello, ha decidido que el dinero (830,000 euros) que implica la recepción del Premio Nobel, será donado para la reparación de afectados por el largo conflicto bélico.
El Nobel de la Paz ha sido un “tanque de oxígeno” para impulsar el empantanado Acuerdo de Paz, después del triunfo del “no”. Pues las FARC y el presidente Santos están empeñados en impulsar una salida funcional al conflicto.
Los aspectos de discrepancia contenidos en el Acuerdo de Paz tienen que ver: 1) aplicación de justicia e inserción de los guerrilleros en la vida política colombiana 2) los líderes guerrilleros que pasen por un Tribunal Especial y reconozcan sus delitos no irán a la cárcel; en cambio cumplirán trabajos vinculados con la reparación a las víctimas del conflicto y 3) Las FARC tendrán aseguradas 5 bancas en el Senado y 5 bancas de Diputados, Además tienen otras 16 bancas de las circunscripciones rurales que están bajo su control.
Mientras tanto, el gobierno del presidente Santos ha concertado negociaciones de paz con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), segunda fuerza guerrillera activa, a partir del 27 de octubre en Quito. Con el ELN también quiere poner fin a una lucha armada de más de 50 años. Impulsado por el deseo de construir una “paz completa”.
El ELN suspendió el fuego durante la celebración del plebiscito, y en los últimos días ha liberado algunos rehenes que tenía secuestrados. Todo lo cual puede interpretarse como la emisión de señales claras, de su deseo de gestar un proceso en búsqueda de la paz. Convencidos que la violencia no es el recurso idóneo para forjar una Nación democrática.
Los hondureños han de saber valorar y aprovechar las oportunidades de dialogar y de consensuar  que existen en esta Nación, para orientar todos sus esfuerzos, cívicos y políticos, hacia el logro Bien Común.  Para ello, la PAZ es el camino seguro.
Así lo expresó el Señor Jesús: “Dichosos los que trabajan por la Paz…serán llamados hijos de Dios”.

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