Ecos del Seminario

Cuidando la Casa Común

Cuidando la casa común
No podemos vender el futuro de nuestras generaciones. Hoy se nos dará un poco de “dinero”, pero el daño ecológico que se avecina, lo sufriremos nosotros. Mientras se alaba por la belleza de los parques Capiro y Calentura, por la otra cara del discurso barato, fútil y espurio, se rompe la belleza de la Bahía de Trujillo.
Texto y fotos: Derik Zúniga
Seminarista II Filosofía, Diócesis Trujiillo
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Las experiencias que se suscitan con el desarrollo, ponen de manifiesto cuáles son las consecuencias que traen a futuro. Por ello, es necesario revisar cómo nos estamos comportando, o, más bien, qué se entiende por desarrollo.
En esta ocasión deseo expresar lo que nos atañe como Iglesia que peregrina en la Diócesis de Trujillo. De antemano, expongo que no nos oponemos al desarrollo que anhelamos en Trujillo; al contrario, el encuentro con Jesucristo siempre nos lleva a ver hacia delante, hacia la transformación de nuestro entorno, en especial, el ser humano (Cf. Mc 5,15). Pero una transformación que implica cuidado.
Esto pone de manifiesto la preocupación que han tenido y tienen nuestros pastores, Monseñor Virgilio López (Q.D.D.G) y Luis Solé Fa. Ya que desde su creación en octubre de 1987, la Diócesis ha sido fiel defensora del medio ambiente, y, hoy, no somos la excepción. Esto nos garantiza con mayor fuerza que cada bautizado está llamado a elevar su voz, como signo de las injusticias que nos acompañan.
El proyecto de refinería que se pretende instalar en la Bahía de Trujillo, es lo que nos ha llevado a levantar nuestra voz. No como signo de conservadores, sino la manera como se está realizando este proyecto: ya hay destrucción del mangle de la bahía; las especies que están en este lugar desaparecerán; muchos de los que conviven en este territorio viven de la pesca artesanal, el cual es su mayor sustento, con la refinería, ¿de qué podrán vivir estas comunidades? Una vez con un daño ecológico, quiénes serán los perjudicados, a quiénes beneficiarán… como siempre, nadie se hará responsable de los daños. Quien sufre en última instancia, será el pueblo, mientras el usufructo cae en unos pocos.
«El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad» (LS 18). Por eso, como Iglesia estamos llamados a denunciar con voz profética las injusticias que afectar a sus hijos y su buen desarrollo, pero a su vez buscar alternativas. Con tanto potencial turístico que ofrece Trujillo por qué no se impulsan proyectos de ecoturismo, se potencian con mayor fuerza los Parques Nacionales Capiro y Calentura. Ya que donde se ubica la Laguna de Gauimoreto, ofrece una gran variedad de flora y fauna. ¿Acaso, debemos de permitir que se destruya este paraje natural? ¿No estamos llamados a cuidar la casa común?
Sí, con algo tan hermoso no podemos quedarnos como si nada está pasando, no podemos ser indiferentes ante la casa común. Es momento de aunar todos nuestros esfuerzos, no sólo nosotros como Iglesia, sino todos los que conviven en Trujillo: CEBs, patronatos, etc.
No podemos vender el futuro de nuestras generaciones. Hoy se nos dará un poco de “dinero”, pero el daño ecológico que se avecina, lo sufriremos nosotros. Mientras se alaba por la belleza de los parques Capiro y Calentura, por la otra cara del discurso barato, fútil y espurio, se rompe la belleza de la Bahía de Trujillo. Ya basta de tanta palabrería barata. Es necesario, que cada bautizado tome conciencia de su carácter profético; no puede botar la gracia que se le dio en el Bautismo, por un desarrollo disfrazado de destrucción.
El cuidado de la casa común traerá consigo sus consecuencias, de esto estoy más que seguro, pero, eso no indica quedarnos con la voz tranquila, es necesario denunciar los deseos egoístas, destructores y perniciosos de aquellos que ostentan el desarrollo destruyendo lo poco que nos han dejado y tenemos, sin tomar en cuenta lo que nos quedará… un desierto.
Dios nos bendiga nuestra bella tierra y nos cuide de lo que se nos avecina. ¿Te unes? Sí a la vida.

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