Punto de Vista Reflexión

La voluntad popular

La voluntad popular
P. Juan Ángel López Padilla
El ejemplo que nos ha dejado esta semana el plebiscito realizado en Colombia, no debe pasar desapercibido y debe llamarnos a la reflexión.
Sinceramente, creí que el sí iba a tener un triunfo contundente y que, sencillamente, se iba a ratificar lo que el gobierno colombiano, había negociado con las FARC. Había leído un par de cosas de las que decían los que se oponían ha dicha ratificación, pero pensé que aunque sus criterios eran válidos, al final el pueblo iba a preferir una paz, aunque no fuese perfecta, pero que al final, era una paz. Pues no, atol con el dedo le han dado a otros, pero en Colombia, no.
Con todo, la lección es grandísima para los pueblos que decimos querer vivir en democracia. Hay que atreverse a consultarle a la gente porque sino nos vamos a dar con la piedra en los dientes. Cierto que la democracia no es perfecta, ni como sistema ni como ideal. Cierto que en la práctica tenemos verdaderos desastres, producto de una mal entendida democracia. La mayoría puede equivocarse, cuando es orientada de manera siniestra y antojadiza por aquellos que en su nombre lo único que pretenden es saciar su hambre de poder y llenarse los bolsillos, con unos bienes destinados a todos, pero acumulados por unos pocos, y esto mis amigos, no es comunismo, porque hay quienes se hacen llamar “socialistas” y es más un apodo que su nombre de pila. La democracia tiene sentido cuando es orientada por la moral, cuando no niega los derechos y los principios básicos que corresponden a cada ser humano.
Es por eso que me atrevo a pensar, cosa que sacará roncha en algunos a los que no les gusta que los sacerdotes opinemos sobre esto, como si viviéramos en una burbuja o hubiésemos vuelto la religión un conjunto de ritos desencarnados y adormecedores: ¿No convendría atrevernos a preguntarle a la gente sobre lo que opina, sobre cosas serias, que tienen que ver con nuestra supuesta democracia? Claro que es un riesgo, pero es un riesgo que deberíamos de correr porque, cuando no se hace de manera legal, terminamos en los conflictos dolorosos en los que nos vimos envueltos en un pasado no muy lejano, y cuando seguimos escatimando el derecho a la opinión de la gente, por suponer que en su nombre podemos decidir, estamos alimentando una olla de presión que tarde o temprano, nos va a pasar la factura.
Siempre he creído que un gobierno fuerte es el que sabe escuchar y sabe cuando debe ceder. Todos debemos aprender este principio porque los criterios que muchas veces nos motivan, aunque no sean malos de por sí, terminan percibiéndose como tales, porque aparentamos una terquedad que, en algunos casos es necesaria, pero no siempre. Negociar posiciones y puestos en los entes del Estado, no es hacer democracia, porque sigue siendo tarea de los dueños de las “pulperías” a las que a veces les llaman partidos políticos. Lo de pulpería no es ofensa, es constatación, porque con lo mismo que se compra, se vende.

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