Opinión Punto de Vista

Educar para la paz

Educar para la paz
Manuel Cerrato
Periodista
Para todos los que deseamos la paz, es importante comprender que una cultura de paz no puede nacer como un simple resultado de acuerdos políticos, ya que estos no erradican los sentimientos de superioridad, inferioridad, temor, ira y suspicacia entre los pueblos y culturas del mundo. Y es en estos sentimientos y actitudes que se arraigan los conflictos.
Más bien, la paz depende de actitudes adecuadas hacia nosotros mismos, hacia los demás seres humanos, y hacia la historia humana, fortalecida por el desarrollo de capacidades, tales como la toma de decisiones mediante la consulta. Por eso, el camino hacia una paz verdadera comienza con programas educativos que desarrollen conceptos, destrezas y actitudes que promueven la paz, tanto en nosotros como en la próxima generación. Un aspecto de este proceso tiene que ver tanto con las convicciones que tenemos acerca de la naturaleza del ser humano, así como la forma en que interpretamos la historia. Recién el Papa Francisco ha retornado de su visita de Georgia Y donde tuvo un encuentro con las autoridades, sociedad civil y el cuerpo diplomático a quienes el Santo Padre les dijo que es urgente la paz entre distintas naciones y confesiones religiosas y por ello ayudar a la persona debe ser la prioridad, a la vez añadió “el camino de paz y desarrollo prosiga con el compromiso solidario de todos los miembros de la sociedad, con el fin de crear las condiciones de estabilidad, equidad y respeto a las leyes que favorezcan el crecimiento y aumenten las oportunidades para todos”. Y es que a menudo se presenta la historia como una serie de guerras, con un fuerte enfoque nacionalista. Esta presentación tiende a reforzar el concepto de que el hombre es agresivo y egoísta por naturaleza, y que la guerra es el destino inevitable de la humanidad. Peor todavía, tiende a glorificar la guerra y poner a famosos generales ante los ojos de los niños como sus héroes nacionales. Además, esta presentación tiende a fortalecer prejuicios contra otros pueblos y grupos. Y hace revivir los antagonismos de décadas y siglos pasados. Aunque es verdad que el hombre ha recurrido a la guerra frecuentemente para “resolver” sus diferencias con otros grupos. Hay otra forma de ver la historia que no es estática y repetitiva sino progresiva. Esta traza la evolución en la organización social de la humanidad a través de los siglos. Y siempre tomando los mensajes resientes su Santidad Francisco nos recuerda “que en muchos lugares de la tierra, en efecto parece prevalecer una lógica que hace difícil mantener las legítimas diferencias y controversias que siempre pueden surgir en un ámbito de confrontación y diálogo civil, donde prevalezca la razón, la moderación y la responsabilidad”. El Papa afirma que todos se deben preocuparse primero “por la suerte de los seres humanos en su concreción” y realizar” con paciencia todo intento para evitar que las divergencias desemboquen en violencia, que puede causar enormes daños para el hombre y la sociedad, por ejemplo lo que vive Siria tras la guerra civil que comenzó en 2011, cuando hubo un levantamiento contra el régimen y surgieron diferentes grupos opositores. Las razones de estos enfrentamientos entre diferentes agrupaciones son políticas, territoriales, por recursos de abastecimiento y también por cuestiones religiosas. Como en casi todas las guerras, los civiles son las victimas más numerosas del conflicto. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, más de trescientas mil personas han muerto en este territorio desde el inicio de los enfrentamientos. De ellos, más de cien mil son civiles y más de once mil son niños. La última vez que la ONU llevó a cabo un recuento de las víctimas fue en marzo de 2015, cuando hizo oficial la cifra de doscientas mil personas. En estos días el Papa nos ratifica en sus mensajes que tenemos que recurrir a las jornadas de oración a favor de los pueblos que están en guerra permanente para que aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón. Y sobre todo en especial por aquellos pueblos “desfallecidos por las bombas “como Irak y Siria.

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