Caminar Punto de Vista

Dos tipos de presunción

Dos tipos de presunción
Jóse Nelsón Durón V.
El pobrecillo de Asís, “cautivó la imaginación de sus contemporáneos presentándoles la pobreza, la castidad y la obediencia con la pureza y fuerza de un testimonio radical. Llegó a ser conocido como el Pobre de Asís por su matrimonio con la pobreza, su amor por los pajarillos y toda la naturaleza. Todo ello refleja un alma en la que Dios lo era todo sin división, un alma que se nutría de las verdades de la fe católica y que se había entregado enteramente, no sólo a Cristo, sino a Cristo crucificado” (Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María). El santo continúa siendo admirado incluso por protestantes y no cristianos y su memoria ilumina con brillo especial el desapego a la riqueza, la vanagloria, que siempre será vana; el amor por la naturaleza; el respeto y adhesión a la Iglesia y al santo Papa y hasta la desestima de intereses propios, reconociendo la extraordinaria pequeñez del ser humano ante la excelsa grandeza del altísimo Señor, a quien se dirige como “Mi Dios y mi Todo” No hay persona que haya vivido como él la entrega y total sumisión a Dios producto de una auténtica fe y su recuerdo debería inspirarnos para revivir devociones y abrillantar conductas, en busca del legítimo seguimiento e imitación del Señor Jesús.
Aprovechando el espacio, quiero pedir disculpas a quienes podamos haber insultado u ofendido en esta columna, cuyo único interés es intentar ver entre las luces y sombras de nuestra realidad y del mundo para echar alguna luz sobre la nuestra, sin la experiencia, preparación académica y mucho menos la calidad humana para hacerlo, tan sólo con el ánimo de invitar a la construcción de una sociedad más justa, obediente de sus leyes y legítimas autoridades y atenta de sus ciudadanos más necesitados. Pido disculpas a ellos y perdón a Dios. Quisiera bañarme siete veces en el mar de la misericordia divina como Eliseo en el río Jordán, e implorar, como los diez leprosos al Señor Jesús: “Jesús, maestro, ten compasión de mí”, antes que proferir insultos contra alguien. Y eso mismo ruego a todos mis hermanos: “Tengamos cuidado de no caer en el error de acusar a cualquier persona negándole el derecho que tiene a defenderse y a ser juzgado, antes que condenado. Las acusaciones infundadas no hacen más que incrementar la percepción de impotencia y, con ella, la frustración, el odio, la violencia y la desunión de la familia hondureña”. Nuestras abuelas, madres, esposas, hijos y familiares sufren lo indecible por las dolorosas pérdidas de vidas hermosas, amadas, cortadas de tajo por la violencia y tantos males que nos aquejan, que deben ser denunciadas y nuestras autoridades actuar y juzgar cuando cuentan con las pruebas necesarias, porque nadie condena sin ellas ni con base en presunciones.
Otro tipo de presunción es la de tener un concepto demasiado elevado de sí mismo. Por mi parte, quiero estar seguro de que no presumo y me he preguntado si la presunción tiene raíz en la soberbia; si ser soberbio es mentir y pregonar el propio egoísmo. Presumen los animalitos en el momento previo al apareo o para defenderse, sujetos a la dura realidad del instinto y al centrismo proveniente de la ausencia de responsabilidad; su imperiosidad es la satisfacción propia y no importa para ellos nada más. Ha habido, sin embargo, situaciones en que individuos del reino animal y vegetal demuestran actitudes y realizan acciones que son mucho más generosas en favor de sus congéneres de los que acontecen en la sociedad humana, lo que nos lleva a preguntarnos si en realidad estamos construyendo el bien común. Dice san Francisco: “Soy tan sólo lo que soy ante Dios”. Esta frase debería renovar resonancias profundas en las almas que han comprendido que las presunciones son aparentemente soledades y pueden ser resplandor egoísta que sale del interior del corazón. Seamos de los que regresan para dar gracias por todo, como el samaritano curado que escucha embelesado: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”, como garantía del futuro encuentro con nuestros familiares adelantados y con el Altísimo Dios.

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