Editorial

Editorial del Domingo 9 de Octubre de 2016

Un proceso trascendente
El XVII censo de población y VI de vivienda, realizados por el INE (Instituto Nacional de Estadísticas) revelan que Honduras tiene una población total de 8,676,532 de personas, (cifra proyectada hasta el año 2015) y se descubrió una leve disminución en el índice de pobreza (1.1%) y una pequeña reducción en el porcentaje de la población joven.
El nivel de pobreza se calcula según el número de hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI): mide el acceso al agua potable, problemas de saneamiento, niños sin escolaridad, capacidad de subsistencia, hogares en hacinamiento y viviendas en mal estado.
Resulta que el 54.35 del total de hogares tienen NBI, lo cual constituye una condición negativa para el desarrollo integral de los jóvenes que forman parte de estas familias. De donde surge la escogencia que realizan los miembros del crimen organizado de jóvenes empobrecidos, para encargarles actividades delictivas a las que son empujados con mucha facilidad: en casos de narcomenudeo; sicariato, extorsión, robo, prostitución, etc.
De hecho, cuando los cuerpos policiales hacen sus investigaciones, la mayor parte de las personas que son apresadas, son menores de edad, quienes han sido enviados a realizar esas labores, por personas que ostentan la mayor jerarquía al interior de las bandas delincuenciales o de las pandillas.
Estos jóvenes delincuentes son enviados a centros de internamiento: Jalteva en las inmediaciones de Cedros en Francisco Morazán; centro Sagrado Corazón en la capital: centro Renaciendo en Támara y centro El Carmen en San Pedro Sula. Hasta esta fecha todos estos centros han estado bajo el control de los mismos jóvenes internados, de manera que siempre se mantienen vivas las rivalidades entre grupos delictivos, No han existido programas específicos para formación en principios y valores, que tengan la capacidad de transformar integralmente a estos transgresores de la ley.
Pero de la misma manera que se está haciendo un nuevo régimen penitenciario, diz que para castigar al reo según la gravedad de la falta y para hacer de las cárceles centros de formación profesional y rehabilitación personal, el gobierno actual ha creado un nuevo organismo para el manejo de los menores infractores.
En la Gaceta del 8 de septiembre recién pasado, se publicó el decreto ejecutivo PCM-072- 2016 que ha creado el Instituto Nacional para la Atención de Menores Infractores (INAMI) que será la institución encargada de administrar los centros de detención donde se recluyen a los delincuentes menores de edad. Esta función hasta el momento ha estado bajo la supervisión de la DINAF. Y actualmente, la custodia de los menores ha estado a cargo de las fuerzas policiales, sin estar entrenados para esa función.
El INAMI será un órgano desconcentrado dependiente de la Secretaria de Gobernación pero será regido por un consejo directivo donde participarán los titulares de distintos organismos gubernamentales: secretarías de Desarrollo e Inclusión Social; Salud; y las de Educación y Seguridad. Además habrá representación del INFOP; DINAF y Sociedad Civil (organizaciones que trabajan en favor de la niñez y la adolescencia).
El presupuesto del instituto será de 11 millones de lempiras mensuales proveídos por el PANI. La creación del INAMI constituye el intento de un proceso trascendente para dar a los menores infractores la oportunidad de tener la posibilidad de una educación integral. Que ello les permita reconstruir su existencia a través del aprendizaje de una carrera técnica. Y que además reciban instrucción en programas de reinserción social y de rehabilitación, de manera que al finalizar su tiempo de detención, no reincidan en su actuación delictiva, sino que tengan los valores, los criterios y la voluntad para reiniciar
una vida útil, al servicio de la sociedad.
Para que estos objetivos puedan realizarse quienes tienen la responsabilidad de dirigir el INAMI deberán contratar personal técnico especializado, para la realización adecuada de las distintas funciones que implica la reeducación juvenil, no sólo se trata de poner orden desde el punto de vista disciplinario, también hay que saber transmitir los principios y valores que dan sentido a la vida.
Ya lo expresó el Señor Jesús: “Felices los limpios de corazón…..porque ellos verán a Dios”.

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