Diócesis San Pedro Sula

“A ustedes, sociedad, les pido que me perdonen y que me ayuden”

“A ustedes, sociedad, les pido que me perdonen y que me ayuden”
Piedad y oportunidad de trabajo piden ex privados de libertad, aunque tengan que ser vigilados
Texto y fotos: Johanna Kattan
jokattan@semanariofides.com
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Recuperan su libertad física, pero al salir de la cárcel tienen miedo al rechazo de la sociedad. ¿Qué oportunidad de mejorar su vida tiene un ex privado de libertad en Honduras? Si las empresas privadas no emplean a quienes tienen antecedentes penales, qué camino les queda a estos hombres y mujeres, que luego de cometer un error, de arrepentirse y cumplir la condena, regresan a una sociedad que les niega la reinserción, orillándolos a un camino de frustración y acciones negativas.
“A ustedes, sociedad, les pido que me perdonen y que me ayuden, no dándome dinero, ni casa, sino una oportunidad de trabajar honradamente, para ayudar a mi familia, para vivir una vida tranquilo. Nadie es perfecto, en la vida se comenten errores pero, lo bueno es rectificar y no volver a cometerlos”, expuso Jorge Ramos, privado de libertad que actualmente goza del beneficio de pre liberación.
Jorge participó en el Foro: Los privados de libertad, su rehabilitación y reinserción. Un evento organizado por la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de San Pedro Sula, como parte de la programación del Jubileo de la Misericordia y la Semana del Privado de Libertad.
“No puedo pedirle perdón a la persona que dañé pero, les pido perdón a ustedes”, aclamó Jorge. Dijo que arrepentido de la acción negativa por la cual se le privó de su libertad física, inició un proceso de cambio mental y espiritual. Dentro de la cárcel se capacitó en la temática de VIH, valores y liderazgo. Colaboró como voluntario en la red de solidaridad ayudando a las personas enfermas, entre ellos pacientes con tuberculosis. Esto le ayudó a su proceso de rehabilitación y reinserción.
Jorge, al igual que otros hondureños, han pasado detrás de los barrotes grises y frios de una penitenciaría, ruegan ser aceptados en la sociedad. “Me hicieron comprender que tenía que cambiar, que tenía que pensar diferente por mi bienestar y por el bienestar de mi familia, mi esposa, mis hijos, mi madre…. porque ellos pagan las consecuencias de los actos que uno hace. Los que estamos integrando el taller de reinserción en este momento, necesitamos que la sociedad nos mire como personas diferentes, que no somos los mismos, hemos cambiado, queremos ser útiles”.
“Tenemos hijos y nietos y no queremos que ellos sufran la discriminación por culpa de nosotros. Ya pagamos nuestro error estando encerrados y le pedimos a la sociedad que nos apoye, porque yo me rehabilité. Cuando mis compañeros salen libres, y salen a la calle, ellos se encuentran con varias dificultades, que no pueden desempeñarse en lo que aprendieron porque tiene antecedentes”, comentó.
Ante este nuevo comienzo, Jorge expresó con voz firme: “se puede cambiar pero, necesitamos que nos ayuden. Si hay una institución que nos avale, que nos vigilen para confianza del empresario, lo aceptamos. Por algo tenemos que empezar, no importa si nos tienen que estar vigilando, lo que no queremos es volver atrás”.
Sin educación, hay más delincuencia
Claudia Zepeda, sirve como maestra, dirige obras de teatro y es la coordinadora de la panadería Liberpan que funciona en el Centro Penal de San Pedro Sula. Además de su trabajo y voluntariado, Claudia se ha convertido en una líder, que da motivación a la comunidad de internos. En uno de los salones de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, Claudia dio un discurso para fomentar la confianza de los empresarios, para que puedan dar oportunidad de empleo a los ex privados de libertad. Aunque la presencia de empresarios fue menos del uno por ciento de la lista de empresarios afiliados a la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, Claudia no perdió el entusiasmo y habló con seguridad y con evidencia del cambio que un privado de libertad puede lograr al ser rehabilitado.
“Según la ley, la finalidad de tener privada de libertad a una persona es la rehabilitación. En los centros penales en Honduras no tenemos rehabilitación por parte del Estado. En el centro penal de San Pedro Sula, donde yo vivo, tenemos escuela desde primer grado a noveno y también cursos de inglés, que son facilitados por la Pastoral Penitenciaria, sin ser su obligación, sino obligación del Estado”.
Impulsó a los presentes en el foro a ver un futuro basado en rehabilitación: “se imaginan que cada persona que salga del centro penal pueda salir con una mano de obra calificada, eso sería de mucho beneficio. Al educarnos y ayudarnos a nosotros, ustedes están recreando la sociedad, quitando delincuentes de la calle, hablando crudamente. Duele que nos digan esa palabra, delincuentes, pero es la consecuencia de habernos equivocado”, expresó con voz quebradiza.
Comentó que a pesar de que El Estado tiene entidades para la educación y formación de los hondureños, los interno no están recibiendo las capacitaciones requeridas en una penitenciaría. “El Estado tiene entidades como Infop, que deberían de impartir talleres completos a los privados libertad. A veces nos dan talleres, pero sólo nos dan nociones, porque no concluyen los talleres y no nos dan herramientas para continuar”.
“Cuando una persona llega al centro penal y no es rehabilitada, su mente, su corazón, su actitud y su forma de ver la vida no cambia. Por medio de la educación podemos salir adelante. Hay muchas personas que llegan al centro penal por ignorancia, personas analfabetas que no saben leer ni escribir”. Señaló que ella labora en la panadería Liberpan que funciona en el interior del Centro Penal. “Tenemos 11 personas trabajando. Fabricamos una diversidad de unos 18 productos en la Panadería Liberpan, todo eso es producto de las manos de personas privadas de libertad, manos que no sólo sirven para hacer mal, nuestras manos nacieron para crear. Sólo necesitamos que nos enseñen cómo hacer las cosas. Que nos den las herramientas, esas formaciones que nos negaron cuando éramos niños, que nos la den ahora que nos equivocamos”.
“Ustedes empresario, nosotros como privados de libertad no somos escuchados. No nos hacemos los sufridos o víctimas, porque tenemos responsabilidad de estar pagando este proceso. Al ayudarnos a nosotros con educación y a rehabilitarnos por medio de la educación también estamos ayudando todos a una mejor sociedad”, Claudia Zepeda.

El Obispo de la Diócesis de San Pedro Sula, Ángel Garachana, hizo un resumen del foro sobre la rehabilitación y reinserción. “NO solo se habla de rehabilitación y reinserción, también se actúa en y se trabaja por ir creando una nueva mentalidad en la sociedad, hasta cambiar el lenguaje que usamos para referirnos a un privado de libertad”.
Monseñor Garachana analizó que el cambio debe iniciar reeducando a la sociedad sobre qué tipo de mentalidad se tiene respecto a los privados de libertad. “Los edificios que construimos todos son expresión de una mentalidad que tenemos, es decir que esta mentalidad determina todo lo demás, determina hasta las estructuras arquitectónicas de la cárcel y determina también el nombramiento de los responsables, determina todo y este es el problema en Honduras”.
Enfatizó que la finalidad de una institución es la persona. “El principio, el medio y el fin es la persona, es el bien de la persona también de la persona qué ha delinquido”. Monseñor señaló que la reinserción implica unos elementos, comenzando que en los centros penales se cuente con capacitaciones profesionales, “ofrecer los medios y posibilidades, y esta es responsabilidad del Gobierno”. Un segundo elemento para la reinserción es el acompañamiento psicoespiritual, que promueve un cambio, la transformación interior de la persona. Y otro factor que ayuda a la inclusión social es el empleo. “El trabajo entorno a crear en la sociedad una manera distinta de valorar y de acoger a los privados la libertad”.
“Salgamos de este foro más motivados para poner cada uno de nuestra parte, lo que buenamente podamos de manera que los centros penales de Honduras sean un ámbito, un medio en que los privados de libertad puedan realizar esta transformación y sean muchos los que se rehabiliten y vuelvan a la sociedad con unas actitudes nuevas para bien de ellos, de su familia y de la sociedad”, Monseñor Ángel Garachana.

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