Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Corrupción, causa primera

Corrupción, causa primera
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
No me refiero a la “Causa Primera” ontológica, es decir, la que está al origen de los seres, sobre la que enseñó Aristóteles, y que los autores aristotélicos cristianos, entre los que sobresale Santo Tomás de Aquino, fácil y rápidamente identificaron con Dios.  No; me refiero a una causa primera en el orden moral, y más exactamente aún, en el orden del deterioro moral.
Sin pesimismos, ni derrotismos de ninguna clase, a los que por cierto soy alérgico, no podemos menos que comprobar que estamos viviendo una seria crisis nacional, evidenciada por sus muy negativos efectos: violencia extrema, con una tasa de asesinatos que nos catapulta a primeros lugares en el planeta;  asaltos, extorsiones y robos de toda clase; consumo de drogas y un narcotráfico que gana terreno en diversos sectores; inseguridad; lenta y pobre administración de justicia con tasas de impunidad que claman al cielo; ausencia casi total de estrategia para el combate a la pobreza; desempleo creciente, con subempleo y crecimiento del sector informal; endeudamiento interno y externo; empobrecimiento y caos en la economía y las finanzas nacionales; canibalismo e insolencia en la política frecuentemente vacía de contenido.
Y cada vez más estoy convencido de que la causa primera de nuestros males se llama Corrupción. Todo el triste panorama antes descrito de acá se deriva. En efecto, los corruptos más notorios son los muy ladrones del erario público: evaden sus impuestos, consumen el presupuesto del Estado en sus necesidades, caprichos y lujos, con lo que se deterioran las finanzas y se dejan de hacer las obras sociales y de infraestructura tan necesarias a todos. Pero también son corruptos los que cierran los ojos y dejan hacer, para obtener beneficios económicos y políticos. Son corruptos los negligentes y perezosos, al igual que quienes aceptan puestos y responsabilidades para los que no están preparados. Corruptos son los que aprueban leyes para beneficio de particulares y los que no aplican las leyes justas que también tenemos. Corruptos son los que utilizan el poder o el dinero para controlar los entes de justicia, al igual que las organizaciones llamadas a revisar conductas y cuentas de gobiernos y funcionarios, y hasta las entidades independientes que luchan contra la corrupción.  La corrupción es caja de Pandora, alud incontenible que destruye todo a su paso, huracán que a todos daña, pero sobre todo a los más débiles.
Después de narrar la Parábola del “Administrador Infiel”, el señor Jesús comentó “Los hijos del mundo son más sagaces en sus relaciones que los hijos de la luz” (Lc 16, 8b). Y luego agregó “El que es infiel en lo poco lo es también en lo mucho y el que es injusto en lo poco, lo es también en lo mucho” (Lc 16, 10).  La primera afirmación es una clara invitación a que quienes no somos corruptos, seamos más listos y diligentes en la lucha contra la corrupción que nos agobia. La segunda afirmación nos advierte que debemos revisar la conducta de los candidatos, pues si llevamos corruptos a los poderes del Estado, seguirá el festín de los sinvergüenzas.

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