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Iglesia Católica: tu deber es construir la paz

Iglesia Católica: tu deber es construir la paz
Los cristianos católicos estamos llamados a ser una “escuela permanente de verdad y de justicia, de perdón y reconciliación para construir una paz auténtica”.
Milton Antonio Rodríguez Escobar
II de Teología
soymilton777@hotmail.com
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La paz es la característica principal, junto con la justicia, del reinado del Príncipe de la Paz, Jesucristo (Is 2,4; 9,5-6;). De manera que, son “Dichosos los que trabajan por la paz” (Mt 5,9), en un mundo convulsionado por la violencia, desesperado por el poder y angustiado por las guerras. Por eso, si tú eres un cristiano auténtico, uno de tus deberes primordiales es construir la paz, y por consecuencia uno de los frutos esperados es la paz.
Pero, es importante, conocer el origen de esta palabra, para entender que la paz no es solamente la ausencia de guerra. En este sentido, anotaré que el Antiguo Testamento, expone la palabra en hebreo “Shalôm”, que muchos escuchamos y repetimos en la Iglesia. Shalôm significa paz, pero en su sentido original no es lo opuesto a la guerra. Cuando decimos Shalôm, nos referimos a un estado de bienestar y tranquilidad que debe permanecer en las personas, en un pueblo. Asimismo, en el Nuevo Testamento, la palabra en griego , acentúa un estado libre de contrastes. De modo que, si queremos empezar a construir la paz, atendiendo los significados anteriores, nuestra primera tarea es tomar conciencia de los contrastes que actualmente vive la sociedad hondureña, del bienestar y tranquilidad del que carece el pueblo catracho.
Para nadie es ajeno saber, que esta sociedad está golpeada por la violencia, herida por la miseria, decaída por el desempleo, por la falta de educación, por la carencia de valores morales y religiosos, una sociedad enferma de odio y sufriente por los niños y jóvenes que han caído en las garras de las drogas, el narcotráfico y el desenfreno desmedido.
Ser conscientes de esta realidad no significa que no se hagan esfuerzos por la paz, sin embargo, es necesario que se multipliquen los esfuerzos, pero sobre todo que estos esfuerzos se conviertan en tareas concretas, sinceras, auténticas y constantes, de manera que se haga parte de nuestro ser y de nuestro quehacer.
Porque es patético, contemplar los esfuerzos desesperados de la nación para alejar de sí los peligros de la guerra, de la violencia, la inseguridad y de la destrucción, sin que se manifieste un movimiento sincero de arrepentimiento y de fe. Un cristiano que predica la paz, debe procurar y vivir la paz, para que sus palabras no se las lleve el viento, sino que se encarnen en la humanidad que busca siempre la prosperidad.
En este sentido, el punto 542 del documento de Aparecida hace una reflexión sobre la paz desde una mirada y propuesta pastoral para aplicar creativamente en las parroquias y diócesis de América Latina. Consecuentemente, la Iglesia “sacramento de reconciliación y de paz”, ora para pedir el don de la paz, y se compromete con su construcción, como condición necesaria del Reino de Dios. Concretamente, la Iglesia debe asumir el reto de la paz desde sus agentes de pastoral, como responsables de cuidarla, educarla y promoverla.
Ellos son los primeros responsables de cuidar la paz, que como don de Dios, es querido por la comunidad de discípulos para el mundo. Luego, las comunidades cristianas deben abogar por una cultura de la paz, o sea, una conciencia y un espíritu de paz que penetre todas las estructuras, empapando a todos de un estado permanente de serenidad, responsabilidad, compromiso y amor.
Es así que, los cristianos católicos estamos llamados a ser una “escuela permanente de verdad y de justicia, de perdón y reconciliación para construir una paz auténtica”. Paz y justicia van de la mano, se interconectan y se necesitan. ¿Cómo construir la paz sin construir la justicia? Y no en el sentido de enjuiciamiento, sino trayendo al mundo el perdón y la reconciliación de Cristo. El agente de pastoral debe acompañar a todos para que cada uno enfrente la injusticia buscando el perdón y perdonando, para que la sociedad goce de relaciones interpersonales sanas y estables. La Iglesia está llamada a construir la paz. Porque, desde los problemas gigantescos hasta la intimidación cotidiana en los hogares, la Iglesia tiene una palabra que decir, y esa Palabra es Jesucristo, para reafirmar que Dios es un Dios de paz (Ro 15,33; 2Co 13,11; 1Ts 5,23; He 13,20).

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