Caminar Punto de Vista

Las consonancias necesarias

Las consonancias necesarias
Jóse Nelsón Durón V.
Muchas veces el dolor propagado por todo el país desestimula el escribir sobre la belleza, el amor y otras maravillas que el Señor nos ha regalado, porque, poniéndolo en la perspectiva del dolor de los que sufren, invita más bien a la reflexión solidaria para desechar la caída en la morbosidad, o, lo que es menos productivo, en la declaración impotente que sólo produce temerarios juicios contra quienes algo hacen, aunque la tarea les resulte gigante.
El ardiente dolor y la angustia de tantas mujeres, madres, hermanas, hijas y cónyuges que ven arrebatados repentinamente de sus vidas tantos afectos y amores, causan desasosiego, impotencia y desequilibrio en la calidad de las respuestas que pueden dar hacia la vida en general y las suyas en particular, llegando a causar, incluso, un alejamiento, o, en el “menos peor” de los casos, una pérdida importante en la densidad de sus relaciones con Dios, en la oración y en la esperanza en el Altísimo Señor y, por supuesto, en el estatus general, las autoridades y los políticos.
Escribíamos en otro medio que el equilibrio es la justa coincidencia entre las cosas, las energías, las personalidades y los comportamientos con los sucesos de la vida. Y esto es, precisamente, lo que nuestra población ha ido perdiendo cuando confronta sus sueños y anhelos con su propia realidad, sus esfuerzos con los resultados obtenidos y lo que oyen con lo que observan.
No se trata de emociones, se trata de actitudes, ejemplos, testimonios vitales, hechos y obras de quienes deben realizarlas porque han escogido sus rutas de vida para dirigir, vigilar o acompañar los deseos vehementes del pueblo. Se trata de procurarle esa armonía de vida por la autenticidad y la congruencia de las decisiones que le afectan. La información, pese al interés económico que representa el morbo malsano, la política y la divulgación de la vulgaridad (palabras de una misma raíz que nos hace caer en la repetición), el interés personal, la necesidad imperiosa de algunos para ser protagonistas en una sociedad ávida de cosas nuevas, está llegando a nuestra juventud con todo tinte de falsedades y verdades a medias, muchas veces artificialmente fundamentadas en el chisme, en el “dicen que” y hasta en “verdades” inventadas. Por ello algun@s pierden el interés del pueblo y sus declaraciones van perdiendo brillo, al igual que sus porcentajes de aceptación.
Muchas decisiones y juicios son medidas sustitutivas o libertades inmerecidas, y hasta allí ha llegado la falta de consonancia; las faltas por omisión son verdaderos pecados que causan innumerables y terribles gemidos en el más allá. En mi país se han entreabierto muchas puertas, y ya sabemos que las moscas y el mal se cuelan por cualquier rendija, como las que insisten en abrir para legalizar la marihuana, el aborto y la pena de muerte, y quién sabe cuáles otras, “sólo” ´para casos especiales, sabiendo que el “sólo”, considerado como sustantivo, levanta suspicacias y abre oportunidades para las argucias, pues sus límites son muy relativos.
El equilibrio, la sensatez, ecuanimidad, simetría, contrapeso y moderación, son cualidades ausentes a veces de nuestros dirigentes y, si es cierta nuestra aseveración inicial de que “el equilibrio es la justa coincidencia entre las cosas, las energías, las personalidades y los comportamientos con los sucesos de la vida”, deberíamos entonces convenir en que el equilibrio más noble es el amor, la contemplación de la belleza, la risa sincera y fuerte, la solidaridad con y entre todos, la franqueza, la serenidad en los momentos más álgidos, la respuesta amable, el consejo sabio y bien intencionado, la amistad y la fe. Estos son valores que debemos recuperar e inculcar en vecinos, hijos, familiares, amigos y estudiantes para que no nos pase lo que al rico Epulón, que ni siquiera las migajas dejaba para provecho de “su” Lázaro, que se quitaba el hambre a fuerza de lamentos. Y todos tenemos “nuestros” Lázaros, solo falta ver bien el entorno y actuar en consonancia.

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