Ecos del Seminario

No dejarse vencer

No dejarse vencer
La emigración no sólo tiene que verse como un fenómeno de nuestros tiempos, el Papa Francisco recordaba en su visita a los Estados Unidos que “todos somos emigrantes”.
Jorge Ariel Mejía Oseguera
Arquidiócesis de Tegucigalpa
 mejiaariel21@gmail.com
I – Filosofía.
¿No dejarse vencer? ¿A qué se refiere esta pregunta? Y ¿De quién o de qué no debo dejarme vencer? Todas estas interrogantes, nos permiten indagar en el interior de nuestro ser y nos ayudan a poder detectar lo que en él habita. Si nos fijamos detenidamente, esta serie de interrogantes nos conducen a una de las partes más perceptibles y existentes en el ser humano, me refiero a la debilidad. ¡Gracias a la debilidad, logramos digerir el trago amargo de la derrota!, y ciertamente, nadie desea probar este momento que es inesperado por todos, ya que sabemos, es muy desagradable.
El experimentar cualquier derrota en nuestra vida, nos ayuda a deducir por nosotros mismos: ¡Algo está sucediendo! y eso, nos impide poder alcanzar aquello que tanto anhelamos. En este caso, hablaremos de uno de los sentimientos negativos que por excelencia, logra vencernos con gran facilidad y sin mayor esfuerzo alguno, hablaremos del miedo, como parte de la debilidad humana.
¿Qué es el miedo? En términos generales, como lo define la Real Academia Española; es recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.  Dentro de la espiritualidad cristiana, podría definirse como la acción que surge a raíz del pecado y es quien me imposibilita poder llegar a ser feliz con Dios, conmigo mismo y con los demás.
Si bien recordamos, en el Génesis se hace mención del primer momento, en donde hace su primera aparición en la creación en el ser humano: “Yavé Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás tú?” Este contestó: “He oído tu voz en el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo; por eso me escondí”. (Gén 3, 9-10). Vemos, que el resultado final del pecado que cometió el primer hombre, fue el esconderse de la presencia de Dios. Por tal razón, obtuvo las siguientes consecuencias: se le arrebató de sus manos el paraíso, su felicidad, su amistad con Dios; y eso ocasionó, que todos los seres humanos, siempre viviéramos ocultándonos de la presencia de Dios, ya que el miedo, no nos permite poder ver a los ojos de nuestro Creador, lo que infunde en nuestra mente y en nuestro corazón: “¿No te da vergüenza lo que has hecho?”. Estas palabras, imperan una vez que el miedo se apodera de nosotros y no nos permite ser libres.
Todos tenemos miedo a algo o a alguien: a la soledad, al dolor, al sufrimiento, al que dirán los demás sobre mí, al fracaso, a perder aquello que resulta valioso para mí, miedo a una persona o a la misma muerte. El miedo puede derrotarnos y hacernos los seres más infelices sobre la faz de la tierra, pero eso puede suceder si yo mismo permito que él haga lo que quiera en mi vida.
Algo que mencionar de mi persona: el miedo me arrebató la felicidad por casi dos años de mi vida y cuando me di cuenta que él era el causante de mis desgracias, supe que no volvería a recuperar jamás todo el tiempo que perdí. Sentí gran tristeza el saber que mi vida se precipitaba en un abismo de tiniebla y soledad y que poco a poco, iba perdiendo el amor de muchas personas que me apreciaban y que tenían esperanza en mí. Pero lo más doloroso, era la gran distancia que yo mismo marqué con Dios; podría decir, que “esa era mi muerte y todo esto fue gracias al miedo”.
Hermano (a), no permita que el miedo le siga arrebatando la posibilidad de poder ser feliz, de poder descubrir tantas cosas maravillosas en la vida que se pueden disfrutar al máximo, con la alegría de saber que somos libres de su prisión, gracias a Aquel que nos amó primero (Rm 8, 37). Que el Señor nos conceda la gracia de vencer el miedo que nos paraliza día a día y que no nos permite experimentar su amor infinito en nuestras vidas. Y así, junto al salmista podamos expresar: “Señor, que mi enemigo no pueda decir: lo he vencido”. (Sal 12), esto como parte muy manifiesta de la debilidad humana.

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