Buenas Nuevas

“Servir a Dios y al dinero”

Al encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
“Servir a Dios y al dinero”
(Lc 16,-13 – XXV Domingo del Tiempo Ordinario)
Lucas el maravilloso evangelio de los pobres, no puede sino señalar como gran obstáculo para el Reino de Dios, la riqueza “injusta”, o sea, la obtenida por la injusticia que a su vez ha sido generadora de otras injusticias, y que por ende ha producido tantísimos pobres en el tiempo de Jesús hasta nuestros días. Era tan clara esta situación, que en el lenguaje hablado de ese tiempo hubo una evidente alusión, expresada a través de la asonancia, entre el vocablo mammona (palabra aramea que indica propiedad, riqueza haberes) y la palabra amén, el verbo clásico para indicar el “así sea” de la fe. Con la primera lectura de hoy de Amós 8,4-7, el profeta del Reino del Norte, denuncia el clima corrompido de las altas clases de Samaria, la ciudad capital, denunciándoles esa “dolce vita” de las clases explotadoras de los poderosos, de quien “pisotean al pobre y a los humildes de la tierra”. Tanto era así, que éstos explotadores no podían soportar los días litúrgicos de descanso (la fiesta mensual del novilunio y la semanal del sábado) porque rompen el ritmo frenético de su comercio y de sus negocios. Su dios en efecto, era el dinero. Su pan cotidiano era el fraude y la explotación: falsean las medidas, hacen especulaciones sobre los cambios, roban sistemáticamente al prójimo. Hasta el punto mayúsculo de reducir a los pobres en mercancía, al venderlos como esclavos, cuyo precio no superaba el de un par de sandalias. ¿Qué vergüenza para un pueblo que se autodenominaba: Pueblo de Dios? Viven como dos religiones contrarias entre sí, dos opciones un búsqueda de la felicidad, dos elecciones fundamentales: por una parte la elección de ser fiel a Dios, en el amor y la fidelidad a sus mandamientos; y por otro lado, en cambio, está el frenesí casi maníaco de hacer dinero, obtener ganancias a cualquier costo.
Lucas con su fina pluma, dentro de todos los verbos que nos ofrece en la perícopa con profundo significado, sobresale el verbo “servir”, que en el lenguaje bíblico indica también el acto de dar culto y adoración a Dios. Así que Lucas, irónicamente señala que algunos “sirven” al señor dinero, haciendo de él un ídolo, ofreciéndole un verdadero culto, una falsa liturgia, una auténtica idolatría. Jesús por lo tanto con sus palabras en formas de sentencias, lleva al creyente a la definición de sus opciones, ya que para quién quiera seguirle no hay término medio, no hay lugar para el compromiso desde el corazón para hacer cohabitar a esos dos amores. Que por otro lado uno es el auténtico e imperecedero y el otro es solo ilusión terrena, irremediablemente perecedera.
El cristiano que tiene que trabajar para vivir y hacer una economía consecuentemente, sabe claramente que por su fe, no se puede ensuciar sus manos y manchar su conciencia, con el mal necesario que es el dinero. Sabe que sólo a Dios puede “servir” y sobre todo, saber usar la riqueza en el sentido generoso del compartir y ayudar a los más desposeídos, con un corazón desprendido. A este punto bien suena el testimonio del autor de El Peregrino Ruso: “Por gracia de Dios soy hombre y cristiano; por acciones gran pecador; por vocación peregrino de la especie más miserable, errante de lugar a lugar. Mis bienes terrenales son una bolsa sobre la espalda, con un poco de pan, y en el bolsillo interno de la camisa la SAGRADA BIBLIA. Nada más…”.

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