Editorial

Editorial del 18 de Septiembre de 2016

Una santa de nuestros días
El Papa Francisco canonizó recientemente a la Madre Teresa de Calcuta, beatificada desde el año 2003, en reconocimiento a su labor y entrega misericordiosas, al cuidado de los más pobres entre los pobres.
Fue un momento culminante del “Jubileo de la Misericordia”, decretado por el Papa Francisco. La Madre Teresa es uno de los ejemplos más vivos de una persona, que supo encarnar el amor misericordioso a los  más necesitados, a imitación del Señor Jesús.
Aunque su obra comenzó en Calcuta (oficialmente Kolkatta en idioma bengalí), una ciudad de 15 millones de habitantes, los cuales, en su mayoría subsisten en la más profunda de las pobrezas.
Allí la Madre Teresa, movida en su interior por el deseo de servir a los más necesitados, solicitó abandonar la Orden de las Hermanas de Loreto, donde ella trabajaba como una maestra, para salir en búsqueda de los más necesitados. A ellos, deseaba comunicar el amor de Dios, que le diera sentido a sus vidas, destrozadas por el dolor, el hambre y la exclusión social.
¡Y el milagro ocurrió! Poco a poco se fueron juntando jóvenes hindúes y venidas del extranjero, hasta que por el número alcanzado en 1950, recibió el permiso para fundar su propia congregación a la que denominó Misioneras de la Caridad (MC) . La cual se fue extendiendo por diversas latitudes, hasta tener presencia actual en 133 Países.
La Madre Teresa fundó una congregación que ha sido fecunda, ya que en la actualidad comprende las siguientes secciones: a) Hermanas activas b) Hermanas contemplativas c) Hermanos Activos d) Hermanos contemplativos e) Padres misioneros f) Misioneros legos g) Voluntarios y colaboradores h) Enfermos y dolientes.
El martirio también ha estado presente en la congregación: El pasado 4 de marzo 2016, en Yemen, 4 Hermanas fueron masacradas como mártires de la caridad, por dar testimonio de Cristo y compartir mucho de Jesús en la cruz. Muerte por odio religioso.
Todos los que se adhieren a la congregación, además de los votos propios de su estado elegido, deben hacer un voto adicional de “servicio libre y de todo corazón a los más pobres entre  los pobres” que fue precisamente el llamado particular, que hizo Dios al corazón de la Madre Teresa.
Su obra humanitaria, llamó la atención del mundo entero, convirtiéndose en una figura destacada para los medios de comunicación y siendo recibida por presidentes y reyes; Pero la Madre Teresa, nunca dejó de vivir con sencillez y pobreza. Por su obra y su testimonio de vida, se convirtió en una celebridad admirada no sólo por los católicos, sino por todos los que coincidían con ella en el servicio desinteresado a los más pobres y en su defensa de la vida humana.
Su trabajo en imitación a la misericordia de Cristo, le permitió recibir el Premio Nobel de la Paz en 1979, y decenas de importantes reconocimientos dentro y fuera de India, los que fueron compartidos con todos los miembros de la congregación.
No obstante, su intensa defensa de la vida por nacer en los foros internacionales y su fidelidad a los criterios de Cristo, le ganaron la oposición y los ataques de algunos pseudo-intelectuales, quienes censuraron su predilección por los más pobres y su decidida oposición al aborto. Acusándola de tener mentalidad reaccionaria y de brindar deficiente atención en sus centros.
El Papa Francisco, en el acto de su declaración como Santa señaló lo valioso de su obra así: “esta incansable trabajadora de la misericordia, nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de
todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza y religión”.
Su obra bienhechora se ha sentido, desde hace muchos años, en Honduras. Habiendo visitado el país en dos ocasiones, y causando un profundo impacto, por su humildad y su energía, en quienes tuvieron la oportunidad de verla o compartir con ella.
Los hondureños deben mostrar su gratitud a la congregación que fundara Madre Teresa, por su presencia en Santa Rosa de Copán, en San Pedro Sula, en Comayagua y en la Parroquia San José Obrero en Tegucigalpa. No sólo por su generosidad con los hondureños más necesitados, sino por mostrarnos el rostro misericordioso de Cristo, en el amor que ponen en la realización de su labor.
Ya lo expresó el Señor Jesús: “Vengan a Mí benditos de mi Padre…porque tuve hambre y me dieron de comer…tuve sed y me dieron de beber.

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