Punto de Vista Reflexión

Bullying

Bullying
P. Juan Ángel López Padilla
Una vez más, las benditas redes sociales, han puesto al descubierto el nivel de violencia que vivimos. Lo más grave, si es que el “gravetómetro” alcanza esos niveles, es que las publicaciones de estos días y que trascendieron las fronteras patrias, tienen que ver con la violencia en los colegios, entre muchachos, que por ley, son niños, aunque su comportamiento emule y en muchas ocasiones sobrepase, al de los adultos. Como para copiar términos somos buenos, a ese tipo de acciones se les llama “bullying”.
Comencemos por reconocer que este fenómeno no es nuevo y que en nuestra adolescencia, hemos debido vivir esta experiencia, en algún nivel.  Lo terrible es que hay muchos que siguen teniendo comportamientos adolescentes. Nunca superaron la crisis de la madurez y prefieren seguir, como niños.
La gran diferencia, entre nuestros años y estos, son los medios electrónicos. Hoy día, cualquier acto es sujeto de volverse público y con el morbo que se acentúa cada día que pasa, es natural que estas cosas se vuelvan “virales”. Término que por demás nos hace ver que es una enfermedad, la que estamos padeciendo, porque ni un virus cibernético, ni genético ni corporal deberíamos desear.
Después de que miré el vídeo de ese muchacho golpeando a un compañero en los baños de su centro educativo, me llené de profunda indignación. Posteriormente me quedé por un momento pensando en varias cosas que les comparto, tanto por lo que he orado a partir de ellas, como por los sintomático de todo esto.
Lo primero que salta a la vista es que: ninguna violencia se justifica. Nuestra sociedad hace mucho tiempo que perdió el deseo, no la capacidad, del diálogo, de resolver nuestros conflictos de manera civilizada, adulta. Entiendo que el agresor, en este vídeo como en todo, debía tener unas “razones” que consideró suficientes para llevar sus diferencias a este nivel y, aunque he leído algunas de ellas,  esgrimidas por quienes conocen mejor el problema, debemos todos admitir que no puede ser este el camino de la solución de nuestras diferencias, porque si aplicamos el “ojo por ojo” aquí terminaremos todos tuertos o ciegos por completo.
Luego, me indignó mucho más, la actitud del resto de los compañeros que eran testigos de semejante acto de humillación. Nadie intervino, nadie tampoco celebró, nadie se quejó. Sencillamente todos, por miedo o por indiferencia, vieron una versión de sus juegos de video trasladada a algo menos virtual. Eso sí, había que guardar este episodio y para eso están los celulares. Alguno creyó que, con eso se haría medio “interesante” para los demás y lo compartió en cualquiera de las plataformas, sin alma, que existen por ahí.
En fin, condenamos al agresor, nos sentimos casi héroes despotricando contra él, contra sus padres, porque según nosotros, nos pusimos del lado del más débil; pero, víctimas son todos, con sus responsabilidades particulares.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el bullying nos lo hace cualquiera investido de autoridad? ¿qué correctivos damos cuando vemos batallas campales a la salida de nuestros colegios con unas pugilistas que se pelean un “dundo”? Bien que celebramos cuando el niño en casa, dice su primera boconada pero ¿educar para perdonar, amar? Eso es de débiles. No se deje. No dejo de pensar en aquello de “cría cuervos y te sacarán los ojos”.

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