Caminar Punto de Vista

Manjares o bellotas

Manjares o bellotas
Jóse Nelsón Durón V.
Una moneda, una oveja y un hijo que se había ido, utiliza el Señor Jesús para enseñarnos acerca de valores y de principios morales profundamente inscritos en el corazón de los hombres, tan fuertemente, que es evidente que nacemos con ellos.
Por ejemplo, la sensación de haber pecado y la percepción de la culpa. Son naturales al ser humano, incluso desde las épocas de las cavernas, o desde antes. Ya Aristóteles (384-322 a. C.) dijo: “Saber es acordarse”. Es por ello que la educación, la paz y las condiciones mínimas que garanticen la serenidad en el crecimiento personal, son medios eficaces para reimprimir en los seres humanos aquellas maravillas que Dios depositó en el alma y corazón humanos, para que el reencuentro, con Dios, consigo mismo y con los otros, logre germinar en cualquier momento de la existencia la nobleza, compasión, amor, solidaridad y misericordia, sentimientos que nacen desde la prístina fuente de la esencia divina.
Aquel sabio filósofo de arcanas enseñanzas, preceptor personal de Alejandro Magno y de tantas generaciones, se acercó valiente a la espesa niebla del Misterio, donde lo imposible se vuelve realidad y lo improbable posible; donde el receptivo asombro choca, confronta, colisiona con el descreimiento y la fácil desvaloración por aquellos que no creen o dudan. He ahí el problema. La negación, por una parte, de principios tan arraigados en el corazón humano y la desvaloración de los mismos, ya sea por intereses personales, dominación, avaricia y hasta por ignorancia u omisión, ciertamente que llaman a reflexionar sobre el sentido de la vida y las cosas trascendentes de la vida futura.
Aunque el primer vaho no empaña totalmente el vidrio, no quisiéramos que este comentario empañe buenas cosas que están sucediendo en el país, pero hay sucesos que vale la pena revisar, como el caso de la señora anciana que recientemente murió soterrada por una roca en la capital; es evidente que los beneficios de los programas de vida mejor y otros de beneficencia que se publicitan muy bien, no están llegando a los que viven en mayor precariedad, de la misma manera que la recuperación de los índices macroeconómicos llegan inmediatamente como beneficio para los empresarios y los que disponen de capital, dejando como siempre a las mayorías esperando que caigan migajas de las mesas de los ricos.
Vuelan estadísticas y cifras y los periodistas utilizan toda clase, tono e intensidad de voces en su trabajo, pero la verdad es que el costo de la comida interesa principalmente a aquel que la puede comprar; los que no pueden, inclinan la cabeza, piden a Dios y esperan; otros, salen sin saber si volverán a rebuscar para comer y medio vivir, impacientes e impotentes ante la impunidad humana. Las noticias de logros económicos ralentizan la solución para los más pobres, de la misma manera que la alegría de un triunfo de la Selección de futbol oculta la tristeza y el dolor cotidiano en las periferias.
El Libro del Éxodo nos habla del “arrepentimiento de Dios”, de la renuncia de Dios al castigo con que había amenazado a Su pueblo, término éste “tan humano con el que el Antiguo Testamento designa la misericordia de Dios que da segundas oportunidades, aunque está en desacuerdo con idea filosófica-teológica de la inmutabilidad de Dios”.
La aparente incongruencia, sin embargo, sirve también para tratar de penetrar en la nebulosa del misterio divino y su interrelación con nosotros, así como en la realidad tan humana también que nos rodea, nuestra responsabilidad para con la sociedad y con nosotros mismos. Nadie corre en el desierto hasta el oasis solo para ver el agua, claro, pero está consciente que muchos también corren muriéndose de la sed.
Como lo sabemos, no puede borrarse y permanece en lo profundo para que lo recordemos. Así fue como el hijo que malgastó su fortuna por andar de vago recordó que el Padre de los cielos le espera en Su casa y se acordó hasta de las delicias que comía antes, hasta que se vio obligado a disputarle las bellotas a los cerdos. No olvidemos estas palabras.

A %d blogueros les gusta esto: