Punto de Vista Reflexión

Hacer patria

Hacer patria
II parte
P. Juan Ángel López Padilla
Resulta ser que, el denominador común que se sentía en el ambiente, después de la clasificación a la hexagonal de las eliminatorias al mundial de fútbol de Rusia 2018, era de una euforia indescriptible. Algunos periodistas incluso, hicieron notar, que esa noche, no hubo muertos en la morgue capitalina, producto de la violencia despiadada que normalmente experimentamos. Pareciera como que si eso nos diese una identidad y un sentido de pertenencia que asusta. Yo sé que el “hubiera” no existe o que “si mi abuelita no estuviera muerta, estaría viva,” pero la verdad me asusta pensar ¿qué hubiese pasado si perdemos o no clasificamos? No puede ser que dependamos de los éxitos o fracasos de la selección para sentirnos orgullosos de nuestra Honduras. Eso, a mi juicio, es un pecado capital. No puede ser que nos alegremos tanto porque, tal o cual comentarista deportivo mexicano o de donde sea, alabó a la selección, o al menos no le echó tierra. Tenemos, una bajo autoestima colectiva, que raya en la paranoia.
Tampoco me parece correcto que sigamos con la idea de subrayar solamente las figuras de los próceres, que muchas veces, lo digo con conocimiento de causa, son puras idealizaciones o ideologizaciones de los liberales decimonónicos, que buscaban en todo momento presentar un proyecto de país, dándole unos héroes con los cuáles identificarse. Cierto que eso contribuyó a la conformación del Estado Nación pero, no es lo único en lo que deberíamos centrarnos a la hora de la celebración de las Fiestas Patrias. O al menos deberíamos de atrevernos a ir más allá de los valores y contravalores que se reducen a elegir la palillona más “canilluda” o  la marcha de una banda que toca melodías con ritmos que no son, ni remotamente, respetuosos o representativos de nuestra idiosincrasia. Ojalá que las bandas, al menos este año y no sólo, se acuerden de don Guillermo Anderson. A mí no me haría mal escuchar el “Encarguito” o “Mi país”, cuantas veces quieran.
En fin, el tema es que preferiría que, esta semana del aniversario del inicio del proceso independentista, lo dedicásemos a sembrar árboles; a que cada grupo, institución o lo que fuese, hiciésemos una gran campaña para visitar enfermos, cocinarles, escuchar a los mayores contarnos de la guerra del 69 o de cualquiera de los golpes de estado que hemos vivido. Tal vez aprendemos alguna lección de la historia, porque al paso que vamos, pareciera que no hemos aprendido mucho.
Eso de tener una bandera flameando en nuestras dependencias o en nuestros vehículos, no es suficiente. La patria se lleva en el alma y sus ideales no deben reñir, nunca, con los del evangelio.
Hacer patria es defender la vida, en todas sus formas. Es atrevernos a levantarnos contra los que, una vez más, quieren buscar una rendija por dónde meter el tema del aborto.
Hacer patria es reclamar de nuestras autoridades, que dejen de jugar con la ley. Que la cumplamos, todos.
Hacer patria es exigir a los jueces, en todo sus niveles, una mayor diligencia en el ejercicio de su delicada misión.
Hacer patria es señalar lo bueno que hay, promoverlo, alegrarnos de ello. Venga de donde venga. Hacer patria,es respetar nuestras diferencias, pero jamás negociar con lo que es correcto.

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