Editorial

Editorial del Domingo 11 de Septiembre de 2016

Día del Niño
El 10 de Septiembre se celebró en Honduras el “Día del Niño”. Una efeméride en que se festeja a los niños en los hogares, en las escuelas, en algunos barrios y en las iglesias. Una fiesta que tiene un derroche de alegría infantil en todas las regiones del país.
Hubo juegos de toda clase, piñatas y comidas de todo tipo, que los niños vivieron como si fuera una Navidad anticipada. Se trató de dedicarles una especial atención para que pasaran un día feliz, inclusive fue una ocasión en que además recibieron regalos, por parte de sus seres queridos.
El único “pero” es que no todos los menores de edad fueron agasajados. Sólo aquellos que tienen la suerte de asistir a centros educativos que están bien organizados; en barrios donde existe coordinación entre los vecinos o están integrados en una parroquia.
Pero para muchos otros, todo transcurrió como un día cualquiera. Especialmente en las áreas rurales, donde están desempeñando labores agrícolas y muchos tienen dificultades para acudir a los centros educativos. Sucede que los niños también son víctimas de la desigualdad que abate a la población hondureña. Y es posible que en ellos esta desigualdad sea más dolorosa y frustrante.
La Constitución hondureña reconoce la obligación del Estado de proteger a la infancia. Y de hecho, reconoce también la protección prevista en los acuerdos internacionales dedicados a velar por los derechos de la niñez. Además existen otras leyes de protección para los derechos de los menores.
En el actual gobierno se ha fundado la DINAF, que es el organismo estatal, encargado de  supervisar y dirigir las organizaciones, públicas y privadas, constituidas para brindar protección y cuidado a la niñez y la adolescencia, pero los resultados no han sido los hasta ahora esperados.
La población infantil representa el 43.3% del total de habitantes que tiene el país. Pero aproximadamente un 42.3 % de esa niñez vive en pobreza extrema, ya que son afectados por la inestabilidad de la economía, caracterizada por el desempleo. Un 22.1 %  de esa misma población viven en pobreza relativa.
Resulta muy difícil determinar el grado exacto de vulnerabilidad de la niñez y la adolescencia en Honduras, debido a que no se ha determinado  el presupuesto nacional asignado a la niñez, y los servicios de salud, educación y prevención destinados a la infancia, no se contabilizan por separado.
Pero existen algunos indicios de las enormes carencias que sufren en las ciudades tanto  los niños como adolescentes. Así puede apreciarse el alto número de ellos, que viven en las calles, sujetos a diversas formas de explotación por parte de los mayores. Es notorio el caso de los adolescentes que no encuentran trabajo y que, simultáneamente, no estudian, Resalta el alto índice de embarazos en adolescentes.
También es apreciable la situación de los niños y jóvenes que están incorporados al mundo del trabajo, realizando labores agotadoras, tanto en el campo como en la ciudad.
Otro aspecto muy preocupante de las carencias en la vida de los niños y los jóvenes, es cuando buscan la solución en la migración hacia Norteamérica o integrándose en  actividades delincuenciales.
De hecho, todos los días, se constata que los miembros de la Fuerza Antiextorsión capturan menores infractores que han participado en la recaudación de dinero, a víctimas de  las extorsiones; pero sin tocar al “cerebro” que los envía. Igual sucede en los casos de sicariato donde los jóvenes aparecen como únicos responsables de los crímenes, sin poder determinar quienes dieron la orden para las ejecuciones.
Una tarea pendiente por parte de la DINAF, y que es urgente y necesaria, es establecer  un sistema de prevención juvenil, al interior de los centros de detención de menores infractores. Que existan en cada centro, los elementos humanos y educativos, que sean capaces de conducir un proceso de transformación, que le permita al menor infractor un cambio de conducta, que le ayude a proceder como un ciudadano honesto y trabajador, para que al término de su condena sea reinsertado en la sociedad.
Que esta celebración mueva a todos los hondureños y que reflexionen como ayudar a tantos niños y adolescentes que están sumidos en la pobreza y el dolor de ser excluidos. Es preciso apoyar organizaciones laicas y religiosas que realizan este trabajo. Con aportaciones monetarias o donando tiempo para trabajar en la formación de menores.
Meditando las Palabras del Señor Jesús: ”El que recibe a un niño en mi nombre….a Mí me recibe”.

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