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Clausura del Jubileo Continental de América de la Misericordia

Clausura del Jubileo Continental de América de la Misericordia
El Cardenal Salazar, exhortó a los sacerdotes a “dirigir todos los esfuerzos de su trabajo evangelizador” para que cada fiel y comunidad “glorifique al Señor ejerciendo en cada momento su vida, inserta en el mundo, el ministerio de la misericordia como sal de la tierra y luz del mundo”.
Bogotá.- El Presidente del CELAM y Arzobispo de Bogotá (Colombia), Cardenal Rubén Salazar, presidió la Misa con la que culminó el “Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el Continente Americano”, exhortando a obispos, sacerdotes, religiosos y fieles a permitir que Cristo los convierta en “signos e instrumentos de la misericordia divina como fuerza liberadora y transformadora de la existencia humana”.
Desde la iglesia de la Porciúncula, en Bogotá, el purpurado afirmó que durante este Jubileo Extraordinario, “hemos vivido intensamente la misericordia del Señor”, siguiendo el llamado del Papa Francisco para que en este Año Santo “nos dejemos transformar por el mismo Señor y lleguemos a ser ‘misericordiosos como el Padre’”.
En ese sentido, dijo que “la fiesta de Santa Rosa de Lima nos brinda el marco ideal para esta Eucaristía de clausura en la que queremos dar gracias al Señor por las maravillas que ha realizado en cada uno de nosotros y, por medio nuestro, en todo el Continente Americano”.
“Ella floreció en el desierto de su época; fue la rosa que con su perfume transformó los ambientes de los pobres, de los enfermos, de los desheredados de su tiempo”, afirmó.
En ese sentido, para poder ser también instrumentos de la misericordia divina, el Arzobispo propuso a los fieles seguir la invitación de San Pablo de “hacer nuestra la gloria del Señor”, manifestada plenamente en su muerte y resurrección.
“He ahí la misericordia del Señor: una fuerza transformadora, que toma el mal y lo destruye transformándolo, haciendo que de la muerte brote la vida, que el odio se haga amor, que la injusticia se haga solidaridad, que la violencia se haga respeto y servicio; que la humanidad fragmentada y destruida por el pecado renazca en una sola familia, animada por el Espíritu, familia llamada a ser sal y luz como fuerza transformadora de toda la realidad”, afirmó.

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