Ecos del Seminario

Animados por la Palabra

Animados por la Palabra
Al igual que San Jerónimo debemos dejarnos animar por la Palabra, toda nuestra vida debe estar dinamizada por la persona de Jesús
Erlan Guzmán
I de Teología
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Nuestra madre la Iglesia nos propone en el mes de septiembre un tiempo privilegiado de encuentro con la Palabra de Dios, pero en realidad, nuestra lectura orante de la Palabra debe ser constante, así nos  invita el apóstol Pedro: “como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, gracias a ella, crezcáis con vistas a la salvación.” (1 P 2,2). Así como el cuerpo necesita ser  alimentado para seguir en este escenario de la vida, de igual manera necesitamos alimentarnos progresivamente de la Palabra de Dios para continuar animados en nuestra vivencia de la fe.
La razón de darle realce a este tiempo es porque el 30 de septiembre celebramos la memoria de San Jerónimo, que vivió en el siglo IV a. C. Este santo fue un apasionado por el estudio y vivencia la Sagrada Escritura, toda su vida estuvo animada por la Palabra. Su mayor anhelo era que todos conocieran y vivieran la Palabra de Dios, por eso tradujo la Biblia del griego al latín que era la lengua común; a esta traducción se le conoce como la vulgata.
En base a lo anterior puedo decir con toda certeza que la preocupación de la Iglesia Católica por la Biblia no es nueva, fue ella, la Iglesia Católica, la que conservó la memoria de Jesucristo y la trasformó en tradición escrita. Así que no debemos creer cuando nos digan que nosotros no le damos importancia a la Biblia, lo que si hay que tener bien claro es que nosotros no somos la iglesia del libro sino de la persona de Jesucristo  (cf. VD 10) que se hizo carne y puso su morada en nosotros (Jn1, 4). La Biblia es Palabra de Dios y Jesús es la Palabra encarnada.
Al igual que San Jerónimo debemos dejarnos animar por la Palabra, toda nuestra vida debe estar dinamizada por la persona de Jesús, dicho dinamismo nos invite a anunciarla a los demás, pero primero  hay que escucharla como nos lo dice la Exhortación Apostólica  Verbum Domini “antes de ser transmisores de la Palabra, el Obispo, al igual que sus sacerdotes y los fieles, e incluso como la Iglesia misma, tiene que ser oyente de la Palabra. Ha de estar como “dentro de” la Palabra, para dejarse proteger  y alimentar como en un regazo materno” (VD 79). Es de vital importancia la escucha de la palabra: “ESCUCHA, ISRAEL” (Dt 6,4) porque la vivencia viene  después de haber escuchado.
Que mejor tiempo para empezar o seguir escuchando profundamente a Dios  que este mes de la Biblia, que sin duda alguna, en este Año de la Misericordia, nos ayudará a descubrir en la Sagrada Escritura a Jesús, rostro visible del Padre invisible.
Dios quiera que este mes nos permita comprender la importancia que tiene la Palabra de Dios  y verdaderamente la asumamos en serio en nuestras vidas.

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