Editorial

Editorial del Domingo 4 de Septiembre de 2016

El mes de la Patria
Septiembre es el mes de las celebraciones patrias. Es el mes en que se rememora el desarrollo de la República, desde su nacimiento a partir del movimiento independentista del dominio español, el 15 septiembre de 1821, hasta el siglo XXI.
Durante la primera quincena de septiembre los centros educativos, de todo nivel, realizarán los tradicionales desfiles cívicos, para engalanar la celebración de la independencia patria. Estas actividades culminarán el 15 de septiembre con los desfiles de los principales colegios del país, en una colorida competencia cívica, para transmitir a todo pueblo hondureño el fervor por los símbolos patrios, exaltar a los próceres nacionales y mostrar el orgullo de ostentar la nacionalidad hondureña.
Desde 1821 hasta hoy, se ha recorrido un largo camino histórico, recorrido efectuado por las distintas etnias que son parte vital de la nación hondureña. Mosaico humano que ahora enfrenta grandes problemas socio políticos que afectan la economía nacional, y que dividen injustamente a la población, ya que de los 8.5 millones de habitantes más de 5 millones se encuentran debajo la línea de la pobreza.
Situación de violencia y de injusticia, que se opone a un humanismo pleno, lo cual debe comprometer a cada ciudadano a solidarizarse para que toda persona, sea liberada de las carencias que la oprimen. La meta debe ser, buscar el desarrollo integral de todos los hondureños.
Es imperativo que cada ciudadano se afirme en asumir las responsabilidades que le competen en la organización y el funcionamiento de la sociedad. Debe participar en las decisiones de índole política, económica, social y administrativa, con una visión hacia la construcción de una sociedad en que se privilegie el bien común, sobre los intereses particulares de unos pocos.
En toda sociedad es inevitable la existencia de criterios y opiniones encontradas, pero ello, no necesariamente, debe conducir al estallido de la violencia y la descalificación de quien piensa distinto. Una conducta así, no reconoce la libertad individual, que es una cualidad esencial de toda persona: el derecho de tener su propia manera de pensar.
Lo que hay que buscar imponer son los principios y valores, que sirven de fundamento para una convivencia fraterna y pacífica. De manera que sea posible confrontar sin ofender; dialogar sin avasallar y tener la capacidad de consensuar en aquellas avenidas  de pensamiento que conduzcan hacia la forja de una mejor nación.
Se hace necesario partir de la búsqueda de la justicia y la paz, elementos esenciales para una convivencia muy civilizada, en que todos estén empeñados en erradicar la violencia, el odio y la descalificación grosera, especialmente quienes participan en la vida pública. Que jamás den la impresión que viven sin preocuparse, en franca indiferencia, de los pobres y excluidos de la sociedad.
Hay que tener en cuenta que al forjar una patria, no se está partiendo de la nada. Honduras, como nación independiente, tiene su historia casi bi-centenaria y su variada riqueza cultural, que son comunes a todos sus ciudadanos. Es preciso que la memoria de los acontecimientos vividos y el fruto del pensamiento de generaciones, sean un incentivo para fomentar la identificación de los hondureños. Reconociendo que si existe un pasado común, se está llamado a construir un futuro esperanzador para las próximas generaciones, centrado en la búsqueda del bien común, donde todos sean partícipes de sus beneficios.
Para garantizar la inclusión del mayor número de ciudadanos en la vida social, será muy importante fomentar y animar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa para impulsar la economía, la sociedad civil, la cultura, el deporte, la  política etc. para actuar subsidiariamente en la solución de los graves problemas de la nación.
Este mes de septiembre ha de  ser un lapso privilegiado, en el cual, cada ciudadano debe examinar su conciencia. Y así determinar cuál es su actitud y su accionar en la generación de una nación para todos, que se convierta en una madre nutricia para sus hijos, con capacidad de crecer económicamente y elevar el nivel de vida de las grandes mayorías, abatidas por la pobreza, la violencia criminal y la exclusión.
La indiferencia con la patria, es una grave deficiencia  ética y moral, pues significa que no se es capaz de ayudar a los otros, sino que se vive en la cárcel de su propio egoísmo.
El Señor Jesús enseño: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas….Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

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