Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Migrantes

Migrantes
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
Un hecho comprobado en nuestro tiempo es que las migraciones han crecido y continúan creciendo. Crecen en el número de puntos del planeta desde donde se inician las rutas de migración. Crecen y se diversifican las razones que mueven a tantos a abandonar sus hogares y su patria. Crece el número de países involucrados como sitio de origen, de tránsito o de destino. Y, por supuesto, crece el número de migrantes. Y consecuentemente crecen también los problemas que de tales movimientos se originan. Muchos piensan que esto es un fenómeno de nuestro tiempo, pero esto no es así. La migración es tan vieja como la humanidad. En el Génesis podemos leer «Y díjoles Dios: “Sed fecundos, multiplicaos y henchid la tierra”.» (Gn 1, 28).  Y«…la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la tierra»(Gn 6,1). Estas afirmaciones bíblicas han sido corroboradas por la paleontología, la antropología cultural y la genética. Los científicos aseguran que todos provenimos de un tronco común y que, a lo largo de los siglos, las migraciones sucesivas fueron poblando el planeta. Esta primera gran migración equivale a una toma de posesión. Luego del diluvio se señala un nuevo repoblamiento (Gn 10, 32). El episodio de Babel es indicativo igualmente del surgimiento de nuevos pueblos y culturas, y su establecimiento en diversos puntos cardinales (Gn 11, 1-9).
Los testimonios de la historia registran estos numerosos desplazamientos. Al llegar a la tierra prometida, proveniente de Egipto y ofrecer las primicias de la cosecha, el israelita observante iniciaba la ceremonia con las palabras: «Mi padre fue un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí como inmigrante…» (Dt 26, 5). Sabemos que esta migración a Egipto se debió a la necesidad de evitar el hambre.
Luego vendrían desplazamientos por razones bélicas y de conquista. En el siglo VIII A.C., los asirios colonizaron el Reino de Israel,  al tiempo que deportaron hacia el este a numerosos israelitas. Al inicio del siglo VI A.C. Nabucodonosor envió al exilio a numerosos habitantes del Reino de Judá. Estos hechos dieron lugar a una diáspora judía en varias regiones de Asia y del Norte de África.   La historia de otros pueblos está llena de conquistas, colonizaciones y exilios.
Hemos de recordar que, ante la persecución de Herodes, el mismo Jesús y sus padres fueron migrantes en Egipto.  Cuando revisamos la historia del Imperio Romano, la expansión del Cristianismo, la invasión de los bárbaros y el Imperio Romano de Constantinopla, constatamos que la guerra, el hambre, la enfermedad y la política fueron los detonantes de las migraciones.  América, al igual que los otros continentes se habían poblado por migrantes de muchas partes del mundo. Los procesos de colonización, a partir del siglo XVI, gracias a los avances de la navegación aceleraron los desplazamientos humanos, en busca de mejor calidad de vida, persiguiendo enriquecimientos reales o soñados, o bien por la infamante institución de la esclavitud.
En la edad contemporánea van a surgir numerosos naciones formadas de una amalgama de pobladores venidos de los cuatro horizontes. Y la cosa sigue hasta nuestros días. Tal parece que el ser humano no puede darse el lujo de renunciar del todo a su antigua condición de nómada. Hay que defender un doble derecho: 1) Todo ser humano tiene derecho a migrar.  2) Todo ser humano tiene derecho a no verse obligado a migrar.
En esta semana debemos de elevar oraciones por todos los migrantes e interesarnos por conocer en qué consiste la Pastoral de la Movilidad Humana, dispuestos a cooperar en lo que podamos, tratando de ser misericordiosos como el Padre.

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