Punto de Vista Reflexión

Hablar de nuevo de migración

Hablar de nuevo de migración
P. Juan Ángel López Padilla
Quiero comenzar admitiendo que me da vergüenza hablar de este tema, porque pareciera que volvemos a él, solamente para estas fechas y, aunque en mi oración y en mi pastoral parroquial, no es así, eso no lo excusa.
Hay varias cosas en el tintero que pudieron haber acompañado esta columna de esta semana, pero creo que podemos empatarlas de alguna manera.
Me han encantado las actividades que en torno al mes del Matrimonio y la Familia, se han desarrollado a nivel de nuestra Iglesia hondureña. Lo único que resiento un tanto, es el que se sobrepongan unas sobre otras, cuando podríamos aunar esfuerzos para que al menos durante una de las semanas se le dé mayor énfasis a lo que pueda coordinar y animar, la Pastoral Familiar diocesana, propiamente.
Cada vez que miro a tantos matrimonios, (debo quitarme esa mala costumbre de llamarles parejas, porque al llamarlas así estoy bajándole a la insistencia que debemos hacer del valor del sacramento del matrimonio y no a la simple unión) o miro a tantos niños en nuestras reuniones, conferencias o demás, me viene inmediatamente a la mente la situación de los que no están, de los que se fueron.
Dicen que las cifras son frías, pero calentura es lo que debería darnos cuando seguimos viendo ese número tan elevado de niños que se van “mojados” a buscar a sus padres. ¡Vale que, supuestamente, este año se ha reducido ese número en relación al año anterior! Pero si alguien me dice que cuando se habla de 26000 niños que han entrado ilegalmente al país del norte y que de ese número una buena cantidad son hondureñitos, a mí me pone los “pelos de punta.” Más aún, es durísimo escuchar las razones por las que esos niños se van: acosados por las maras, viviendo en medio de balaceras.
Vivimos en una sociedad en la que todo es un negocio, incluso el evangelio aparece como tal en algunos púlpitos. Se negocia con la vida, con la ley, con la política, con los bienes y la dignidad de las personas; pero, a mi juicio, no hay negocio más asqueroso que el tráfico de personas. Cuando escuchamos los relatos de miles de personas que han sido violadas, a todo nivel, a lo largo de la ruta migrante no podemos menos que clamar al cielo.
Cuando hace unas semanas las hermanas Scalabrinianas, celebraron sus 25 años de presencia en Honduras, realmente, no me alegré. No por ellas, ¡Por Dios! No por su carisma ni por la calidad humana de cada una de ellas, sino porque su presencia indica que no hemos podido revertir esa ola horrenda de migración forzada que sigue desangrando y enlutando nuestra patria. Yo no puedo más que agradecerles todo el bien que hacen y con prácticamente, todo en contra. Apuesto lo que quieran que saldrán bien “foteadas” la próxima semana y muchos querrán alguna “selfie” con Valdette o con Lidia.
Al final el problema sigue sin resolverse porque no entendemos que antes de la semana del Migrante, está el mes del Matrimonio y la Familia. El antes no es circunstancial, es providencial. Si tan sólo trabajáramos en serio por nuestras familias, no tendríamos que estar “celebrando” esta semana.

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