Buenas Nuevas

“…A la mesa del Reino de Dios”

Al encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
“…A la mesa del Reino de Dios”
(Lc 13,22-30 – XXI Domingo del Tiempo Ordinario)
Con la liturgia de la Palabra de este domingo se anuncia claramente el deseo de Dios que todos los hombres se salven, así lo ha anunciado la última página del largo volumen profético de Isaías. Esta página fruto del tercer Isaías, que vivió al final del destierro de Babilonia, les presenta la visión de una invasión de pueblos de miles de lenguas, conquistados por la Palabra de Dios. La Jerusalén reconstruida después del destierro aparece lugar cede para que todos los pueblos encuentren en ella la unidad de la fe, junto con los hermanos hebreos que han regresado.
Pero tal visión, en el relato evangélico de hoy aparece limitada, con la pregunta que le hace uno de sus oyentes: “¿Serán pocos los que se salven?”. De hecho, no hay que olvidar que con las numerosas y rígidas normas de pureza racial, tribal, familiar y ritual, que se imponían al judío practicante, señalaban como finalidad de la exclusión de muchos y la salvación de unos pocos. La pregunta hecha era sin duda una preocupación de debate de la teología rabínica de su tiempo.
Jesús con su mensaje de hoy anuncia la superación de las mezquindades religiosas de todos los tiempos. Dios es Padre y ha preparado para todos los pueblos un banquete en su Reino. El requisito para participar está en haber entrado por la “puerta estrecha”, sinónimo de las exigencias asumidas libre y alegremente por la causa del Evangelio, a ejemplo suyo. Desconocidos les serán aquellos que alardearán el hecho de ser amigos suyos por haber predicado y enseñado en su nombre, sin haber hecho la elección de toda su vida de fe de amor, como llave que abra las puertas de la fiesta final. Por eso en ella entrarán “los últimos que serán primeros y primeros que serán los últimos”.
Cristo Jesús, es como Él lo ha señalado en otra parte el Evangelio de Juan, “la Puerta”, por donde deben entrar todas las ovejas. Y, de allí se hace también “el Camino” que nos lleve al Padre y al banquete. Todas estas imágenes representan muy bien el empeño que es necesario para lograr la meta de la salvación. Bien lo señala el verbo “esfuércense”, con que traducimos el verbo usado por Lucas: agonizesthe, que como sabemos indica lucha, una especie de “agonía”, que es combate con fatiga y sufrimiento de todo el ser de la persona, por alcanzar una meta. Verbo que usará por igual san Pablo para indicar las muchas exigencias impuestas por un atleta para alcanzar el premio. Es el verbo que también Lucas usa en el episodio de Getsemaní, Jesús agoniza postrado en tierra, combate entre su deseo de librarse de la muerte y la voluntad de su Padre, que le lleva a ella y a la cual Él se adherirá como decisión finalmente.
Todos estamos invitados a sentarnos a la mesa del Reino de Dios, convencidos por el anuncio evangélico dado por el propio Maestro, de que deberemos tomar en serio, para llegar a la mesa, nuestro creer como actitud seria y radical, que no se reduce a una simple señal de la cruz, a una devoción, a una vela encendida, a una procesión una vez al año… Escuchar atentos la Palabra de Jesús, es acogerla con el corazón, esto significa, dejar que esta Palabra colonice y conquiste nuestro corazón, para que desde este lugar sede de las más grandes decisiones que puede hacer una persona, como señala la Biblia, podamos entonces ser coherentes en la vivencia de esta fe, que más que un sentimiento es una transformación total de la propia vida de forma definitiva y radical.

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