Enfoque

¿Será el caos el futuro de Honduras?

¿Será el caos el futuro de Honduras?
Parece que  los supuestos dirigentes del país han perdido la capacidad de escuchar las distintas voces de la sociedad, de percibir que  el camino de la  ciudadanía es totalmente distinto del que ellos  están proponiendo.
¡Quien hace el mal, odia la luz!, ¡Quien hace el mal, odia la paz!-.Papa Francisco.
Los procesos de cambio  que ha vivido nuestro país en décadas pasadas, algunos turbulentos, traumáticos y devastadores han sido precedidos por un conjunto de señales sociales que no sólo alertaron  los mismos, sino que presagiaron lo que habría de ocurrir, sin que nuestra clase política tuviera la capacidad de hacer esa lectura previa.
Hoy en día la mayoría de los hondureños y hondureñas vivimos un tiempo de confusión: ¿Cuál será el futuro de nuestro país?,  realmente estamos poniendo los cimientos de algo nuevo o más bien estamos regresando a  la época de las montoneras, sólo que ahora las realizamos, por la televisión, la radio, los periódicos y otros medios electrónicos, con  insultos, descalificación del adversario,  discursos vacíos, llenos de falsedades y de engaños.
Es sorprendente  que los conductores políticos del país siguen pensando que la población  cree todo lo  que dicen  y calla todo lo saben, no hay mayor equivocación, decían nuestros antepasados, que la del tuerto que no quiere ver. Parece que  los supuestos dirigentes del país han perdido la capacidad de escuchar las distintas voces de la sociedad, de percibir que   el camino de la  ciudadanía   es totalmente distinto del que ellos  están proponiendo.
También es  improcedente propiciar la anarquía en la sociedad, sembrar el odio y el miedo entre el pueblo.- esto es una práctica común en varias  instituciones del Estado, ¿cómo interpretar esa cadena de mociones y contra mociones en   el Congreso  Nacional?,  ¿estarán orientadas a revolver el rio,  como dice un dicho popular: “en río revuelto ganancia de pescadores”, o será  que la estrategia  consiste establecer el máximo de confusión, de tal manera que luego cualquier solución sea aceptada  por cansancio o desesperación?
Una sociedad que quiere afianzar su democracia debe permitir a cada uno de sus miembros la posibilidad de disentir y de aceptar posturas distintas de otras personas, aún en temas sensibles, controversiales y trascendentes, sustituir la acción directa por el diálogo; el enfrentamiento por el debate, la fuerza por la diplomacia y por último, el descrédito por la política hasta llegar al consenso franco, transparente, inclusivo y solidario, que nos permita con  tolerancia negociar nuestro espacio vital con el otro.
Sin embargo nuestra sociedad está marcada por el resentimiento, lograr acuerdos hondureños es casi imposibles, se quiere una sociedad de vencedores y vencidos, no se reconoce ninguna cualidad ni ningún bien en el otro,  lo  único bien válido  es su aniquilamiento, para eso es preciso, vencerlo, humillarlo, someterlo.-  Este es un patrón de conducta cada día más difundido,  según este, lo único que merece el  adversario es una profunda antipatía,  aversión, enemistad o repulsión, así como el deseo de destruirlo por la única razón de que se le odia. Muchos se empeñan en establecer en el país  una cultura del aniquilamiento y la destrucción.
Pareciera que queremos organizar la sociedad a partir del caos social, que  se auto organiza a partir de patrones de odio social, en todas sus manifestaciones “El odio existe; el odio no respeta nada; el odio juzga sin escuchar; el odio no atiende a razones;” El rencor que genera esa constante campaña de odio se dispersa fácilmente entre la población a paso redoblado, utilizando como alimento de ese rencor, la miseria, la pobreza, el analfabetismo permanentes en el país.
Tenemos que devolverle al pueblo la confianza en sus instituciones, en  las personas y esto pasa por la transparencia de las mismas; romper el miedo no sólo físico sino psicológico o moral ante el daño que puede hacer el otro. Pareciera que los dirigentes  políticos con sus últimas acciones  y propuestas insultantes están empecinados en enredar el país.  Se olvidaron que tienen que buscar el bien de la comunidad, y  que hacer el bien es su principal tarea.
El conflicto universitario es un ejemplo concreto de la apuesta por el caos que tienen muchos sectores incluidos los políticos, quienes  vieron con ojos de suprema alegría y como una “gran oportunidad” este conflicto, tratando de impulsar agendas y satisfacer interese personales y políticos- partidarios, desconociendo  los avances y la ruta hacia el futuro propuesta por las autoridades universitarias.
Muchos apostaron por convertir el movimiento estudiantil y el conflicto universitario en el germen para impulsar una mayor conflictividad social que les permitiera en el futuro cercano llegar o mantenerse en el poder a cualquier precio, o “asaltarlo” a través de la ley del más fuerte, presentando esa agresión como un trofeo o un botín de guerra logrado a través de  acuerdos,  pactos u alianzas ocultas  establecidos por los que hasta hace poco eran enemigos irreconciliables.
El conflicto universitario y los últimos “enredos” políticos nos están llevando aceleradamente a un mayor descredito de las instituciones, de la clase política,   aumentando la frustración de la población. Las crisis se vuelven crónicas y muchos están aprovechando para apostar por el caos, por la confusión que nos conduzca al fracaso como sociedad democrática.
“Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina, y se derrumba casa por casa”. Lucas 11,17.

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