Punto de Vista Reflexión

El caos

El caos
P. Juan Ángel López Padilla
La publicación de “Apuntes”, órgano de comunicación de la Cáritas Nacional, titulado “¿Será el caos el futuro de Honduras?”, es una de las reflexiones mejor hilvanadas de los últimos meses en el ámbito socio-político de nuestra patria. Pero, más allá de felicitar al Equipo de Reflexión, creo que es necesario hacer eco de dicha reflexión.
Cuando leía los primeros párrafos, se me vino a la mente aquel pasaje del evangelio de Lucas en el cual, el Señor, llama hipócritas a aquellos que son capaces de entender los signos de la naturaleza, pero son incapaces de leer las señales del tiempo presente. (Cfr. Lc. 12, 54-57) Creo que el improperio, aunque duele, por algo debería de calarnos, porque hay mucha hipocresía entre nosotros, demasiada indiferencia, pero sobre todo una excesiva desfachatez. Si hay una cosa en la que podríamos ganar “medalla de oro” los hondureños, es en la olímpica actitud de permitir que los políticos de ayer, de hoy y ojalá, no de siempre, nos vean la cara de “tontos”. Somos increíblemente “distraíbles”. Se aprovechan de nuestra acomodada inocencia y nos seguimos riendo como si no supiéramos que se repetirá lo mismo, hasta que no tengamos la madurez de dejar de pensar que nuestro presente es un capítulo más del “Chapulín Colorado”.
Es evidente que estoy generalizando, pero sobre todas la cosas, quisiera que la generalización, dejase de ser excepción a la regla. Quisiera que la población dejase de pensar, o al menos de actuar, como si los discursos de todos los que agarran un micrófono en este país y tienen de cancel una bandera partidaria, son verdades o peor aún, que aunque no lo son, al menos “algo les vamos a sacar”.
Ese caos al que nos quieren orillar nuestros conspicuos dirigentes políticos y todos sus comparsas, porque los hay hasta en el espacio hierático, no es porque hayan estudiado las doctrinas que desde Newton, pasando por Locke o Hume han propuesto o incluso considerado necesario, apostar por el caos. Algunos se revisten de grandes defensores de la democracia cuando más parecen anarquistas. Claro, tampoco es que sepan mucho de Fourier o de Proudhom o de Thoreau, pero de armar “bochinche” mandando a otros a hacerlo, si saben.
¿Hasta cuándo vamos a entender que el odio no es la respuesta? Nos están llevando a un nivel de descontento, de violencia, que es similar a los nacimientos de las guerras civiles, que han desangrado al mundo. No creo que lleguemos a eso, ni Dios lo quiere, porque ni ese valor tienen algunos que se la dan de semi-próceres, pero es sintomático que vamos en una cierta inercia que ya nada puede detener, sino el suelo.
A todo esto debemos responder primero con la virtud de la esperanza, que como bien lo digo Benedicto XVI: “La esperanza cristiana va más allá de la legítima esperanza de una liberación social y política, porque lo que Jesús inició es una humanidad nueva, que viene de Dios, pero al mismo tiempo germina en nuestra tierra, en la medida en que se deja fecundar por el Espíritu de Dios.”
A eso debemos aspirar, no a cambiar un partido político o un sistema de gobierno, sino a cambiar nosotros, para cambiar nuestra sociedad. Recordando al que ya canta en el cielo, hay que darle “Play a la esperanza.”

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