Opinión Punto de Vista

El arte y Guillermo Anderson

El arte y Guillermo Anderson
Víctor Hugo Álvarez
Director Semanario Fides
El desaparecimiento físico de Guillermo Anderson indudablemente enluta y conmueve al país, la trayectoria del cantautor de proyección internacional, es un vivo ejemplo del amor que se le debe tener a esta patria. Guillermo con su clara voz le canto al país, a su gente, pero sobre todo, era un ambientalista de corazón y un amante de los niños.
Creo que esta demás hablar de las virtudes del gran artista que hoy canta desde la eternidad o  retomar  su luminoso perfil, considero que es más importante hablar del clima de indiferencia y del abandono en que los  talentos artísticos de Honduras desarrollan su invaluable labor.
En el campo de las artes, la mayoría de los pintores,  músicos, escultores, teatristas, productores de cine  o dancistas que han destacado lo han hecho porque en el exterior se valora su labor, su aporte a las bellas artes, su talento. En el campo de la pintura es donde los ejemplos de ese apoyo internacional son más notorios, tal es el caso de José Antonio Velásquez, Julio Vizquerra, el mismo Pablo Zelaya Sierra o Santos Arzú Quioto o un Zamora en el campo de la escultura,  para mencionar algunos, sin detrimento de los demás, pues todos ellos merecen nuestro respeto.
A nivel interno, debido al bajo nivel cultural de los hondureños o al desentendimiento de las autoridades llamadas a fomentar el arte como política de estado, la situación es muy dura para los compatriotas de alma sensible que plasman con el cincel, el pincel, el pentagrama o la cinta cinematográfica sus creaciones, sus propuestas.
El descuido es total, aunque exista una Secretaría de Estado que supuestamente debe apoyar el desarrollo de las artes, como una expresión de la misma conciencia ciudadana y de las aspiraciones del país por lograr mejores estadios de desarrollo.
Nuestros artistas con sus propios medios o con apoyo de algunas instituciones o mecenas lograr exponer sus obras y más de alguno tirándoselas de curador pone precio a las mismas donde la ganancia mayor es para él y el residuo pírrico para el autor.
Otros se aprovechan de los talentos y obligan a los artistas a pintar murales, hacer cuadros, componer partituras o cincelar esculturas ofreciedoles  dádivas o por favores personales. Esos son mercenarios del arte, modernos explotadores que valiéndose muchas veces de sus cargos o investiduras quieren sacar ventajas del talento o de la inspiración, sin más afán que el de sus propios y mezquinos intereses. Ejemplo de esos depredadores artísticos los hay a montones
No hay duda que los hondureños poseemos muchos talentos artísticos y en las academias se han abierto oportunidades para cursar la carrera de arte a nivel de profesorado o maestrías, eso podría cambiar la situación, pero mientras existan los rapaces y se vea la educación artística como una materia aleatoria, seguiremos viviendo la triste situación en que nos encontramos.
Un buen homenaje que se le podría hacer a Guillermo Anderson en la edición de sus creaciones y la difusión de las mismas, lucirlas como un producto de alta calidad, como lo son, pero sobre todo saber que es un hondureño que aún contra las adversidades del medio logró destacarse y dar a conocer sus creaciones y su talento.
Es necesario además que todos emprendamos una gran cruzada para que la educación artística sea una materia esencial en la curricula de los tres niveles de la educación hondureña y  el fomento del arte sea una política clara y definida del estado.
Un ejemplo de la indiferencia es la Escuela Nacional de Bellas Artes que tanta gloria le ha dado  a Honduras y  que hoy vive como la cenicienta, lo mismo la Escuela Nacional de Música, la Nacional de Ballet.
Pareciera que tener arte en Honduras es ser habilidoso en las triquiñuelas de los políticos, o en las habilidades para la corrupción, mientras que al talento  se le condena a vivir en la miseria.

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