Editorial

Editorial del Domingo 14 de Agosto de 2016

La familia hondureña
La familia es la más importante de las realidades sociales, es una sólida estructura en la cual la pareja de hombre y mujer, se desposan en Cristo, para constituir la “Iglesia Doméstica” (“Domus”: casa) en la cual viven profundamente  su fe religiosa los esposos y los hijos. En la Iglesia Doméstica, Cristo es la cabeza y los padres y los hijos son los miembros de ese cuerpo.
En la familia, a imitación de Cristo, se vive un amor incondicional, pues es el espacio donde cada uno de sus integrantes, es acogido y aceptado, de acuerdo a su particular  y propio desarrollo personal.
La familia es un ambiente donde todos sus miembros, se ayudan entre sí, a crecer como personas, ya que se forja en su seno, una convivencia amorosa, sincera y desinteresada.  Convivencia orientada hacia la búsqueda del Bien Común y a la educación mutua en la fe. Lo cual convierte a la familia es un ambiente donde se puedan vivir los principios y valores que hagan de ella la más digna de las sociedades humanas.
En definitiva podemos considerar a la familia como espacio privilegiado donde se puede vivir la comunión. Vivencia de amor que conduce a la familia a convertirse en una auténtica comunidad de personas. Y es que el amor es la fuerza que conduce a la realización humana, mediante la entrega sincera de uno mismo, al servicio de los demás.
A diferencia de lo que se vive en la sociedad contemporánea en que se le da importancia a las personas, según criterios de eficiencia y funcionalidad. En la familia, se le concede importancia a la dignidad de la persona, manifestada en actitudes de acogida, encuentro y diálogo, con espíritu de servicio y sentimientos de solidaridad.
La familia, es titular de derechos humanos inviolables, y encuentra su legitimación en la naturaleza humana, De manera que preciso afirmar que la familia no está en función de la sociedad y el Estado. Al contrario, se debe reconocer que la sociedad y el Estado  están en función de la familia,
Dios creo al ser humano con capacidad de amar, y el aprender a amar, para toda persona es esencial, ya que  sólo así podrá vivir una existencia en plenitud. Es en el hogar donde  el amor alcanza las cumbres de la unidad y la fidelidad, con más facilidad.
La familia, es un santuario de la vida, y para contribuir al logro del bien en la sociedad, debe buscar la paternidad y la maternidad responsables, para ser colaboradores de Dios en la obra de la creación. La responsabilidad es asunto privativo de los padres y se manifiesta en el juicio acerca del espaciamiento entre los nacimientos y el número de hijos, que la pareja de hombre  y mujer, puedan mantener, dándoles una crianza en que todas sus necesidades básicas estén cubiertas,
Los objetivos de la paternidad responsable deben alcanzarse por medios moralmente lícitos, evitando procedimientos como la esterilización y el aborto, que constituyen desordenes morales, que denotan una mentalidad contra la vida humana que amenaza la convivencia social. Igual situación de ilicitud moral reciben los medios que promueven la contracepción, muchos de los cuales producen efectos abortivos.
En la situación actual que está viviendo Honduras, por el efecto del ZIKA sobre los niños en el vientre materno, se ha hablado sobre la necesidad de disminuir el número de embarazos. Lo cual no debe interpretarse como un permiso en que todos los métodos de regulación de nacimientos están permitidos. El ZIKA y sus efectos negativos, no es una razón válida para cohonestar procedimientos inmorales de control natal.
Lo adecuado en estas condiciones, es intensificar una campaña educativa masiva, para
instruir a las parejas sobre los métodos naturales para regular la fecundidad, También es preciso educar sobre los valores y virtudes familiares a todos los miembros de la familia. Sobre todo debe acentuarse el esfuerzo educativo en valores familiares, en las aulas y los Medios de Comunicación, para abarcar a jóvenes adolescentes y evitar los embarazos precoces.
Honduras, ha tenido un crecimiento poblacional acelerado, y ahora necesita una expansión  de los servicios públicos de educación, salud, nutrición y asistencia social. De manera que ello es una decisión impostergable, pues existen muchas familias en los estratos de miseria y exclusión que requieren atención y ayuda inmediatas.
Es una misión en la que  deben estar incluidos todos los hondureños, colaborando con determinación, para mejorar situación en que viven la  mayoría de los ciudadanos.
Escuchemos las Palabras del Señor Jesús: “Busquen  primero el Reino de Dios y su justicia….lo demás vendrá por añadidura”.

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