Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Diaconía

Diaconía
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
No, no voy a hablar de los diáconos, al menos no exclusivamente. Pero debo reconocer que decidí referirme a este tema en la celebración de San Lorenzo, diácono y mártir.
La palabra griega diakonía significa servicio. Es cierto que antiguamente también designó una división de algunas diócesis importantes, como la de Roma, a cargo de un diácono, para atender a las necesidades de los más pobres. Actualmente designa una dimensión espiritual de la Iglesia, caracterizada por la actitud de servicio a todos, pero preferencialmente a los necesitados.
Por vocación, el cristiano está llamado al servicio: “El que entre vosotros quiera ser el primero, sea el servidor de todos” (Mt 20, 27). Ya el Concilio Vaticano II lo explicaba así a los fieles y a toda la humanidad: “Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en     éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido” (GS, 3).
La Iglesia tiene muy claro la jerarquía de los servicios que debe prestar a la humanidad. El primero de ellos es de carácter espiritual, como lo expresaba en 1988 S. Juan Pablo II: «El Pastor Bueno, nuestro Señor Jesucristo, confirió a los obispos …la misión de hacer discípulos en todos los pueblos y de predicar el Evangelio a toda criatura …de forma que la función de los Pastores de su Pueblo sea en realidad un servicio, al que “en la Sagrada Escritura se le llama significativamente diaconía” o sea “ministerio”» (PB, 1).
Benedicto XVI (Deus Caritas est) expresa que, además del anuncio del reino y de la celebración de la fe, el servicio de la caridad es parte integrante de la esencia de la Iglesia: «La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia» (DCE, 25).
Para el Papa Francisco esta diaconía se deriva de la vivencia del mandamiento del amor: « Por amarse unos a otros, los discípulos continúan la misión para la cual el Hijo de Dios vino al mundo. Comprenden, con la ayuda del Espíritu Santo, que este mandamiento implica servicio a nuestros hermanos y hermanas» (A los diáconos).
Hay tres clases de servicios. La primera es el cumplimiento del deber, ya sea como trabajadores, como funcionarios, como padre o madres de familia, o como personas consagradas. La segunda es la utilización de nuestros talentos, porque los carismas no son para esconderlos. La tercera clase de servicio es la disponibilidad, estar atento a lo que se nos pide, estar pendiente de las necesidades ajenas.  Por eso nuestra oración debería ser “Señor, dime cómo y en qué lugar, te hago falta más”.

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