Caminar Punto de Vista

Uno en todos y todos en uno

Uno en todos y todos en uno
Jóse Nelsón Durón V.
San Cayetano es conocido como Santo de la Providencia, Patrono del Pan y del trabajo. Su Fiesta es celebrada en todo el mundo y reúne miles de devotos y fieles que piden su asistencia en la búsqueda del necesario pan y del digno trabajo. A su intercesión acudimos hoy pidiendo por todos los hermanos desempleados, a la vez que rogamos por nuestras autoridades y por las empresas, que tienen en sus manos decisiones que pueden abrir oportunidades de empleo. El pueblo padece de muchas carencias y necesidades que estrujan sus días y sus almas hasta límites inhumanos, mientras “la clase” política dilapida sus energías en aspavientos, amenazas y propuestas que solamente pretenden esconder sus propias debilidades y, no sé si escribirlo, incapacidades, sobre todo de gestar, organizar y formular planes para administrar de mejor manera las cosas del Estado. He allí la actualidad de san Cayetano y de su intercesión en favor de los débiles por causa de sus privaciones, pero que guardan en sus interiores abundancias y frondosidades irrepetibles.
En la celebración de las grandes fiestas religiosas del pueblo judío tenían la comida y la bebida una función especial en la implícita conmemoración de sucesos históricos remarcables, ocasiones en que el pueblo aprendía a ver en los alimentos un don de Dios, que había que consumir en una actitud de agradecimiento hacia Él y de solidaridad con todos los demás hermanos. Con ocasión de la pascua se comía la carne asada del cordero, pan ácimo y hierbas amargas; “cuando los hebreos hicieron de esta fiesta el recuerdo anual de la salida de Egipto, la consumición de estos alimentos se interpretó como una repetición de lo que se imaginaban que había sucedido en la noche del éxodo (Ex 23,18 Ex 34,25 Ex 12,1-14 Ex 12,21-27 Ex 12,43-49 Lv 23,5). En la misma fecha de la pascua, a saber: en el plenilunio de primavera, que coincidía con el comienzo de la siega, caía también la fiesta agrícola de los ácimos. También esta fiesta recordaba la salida de Egipto. Otra fiesta importante era la de las semanas (pentecostés), que señalaba el final de la siega y era considerada como el recuerdo anual de la revelación divina en el Sinaí. La fiesta de las chozas, con la que concluía la cosecha de otoño y que conmemoraba la marcha por el desierto, era la ocasión para llevar al templo parte de la cosecha, que luego era consumida alegremente por todos los presentes.”
Todos los pueblos del mundo, en su percepción de la presencia mágica o Divina de un Ser superior en sus sucesos existenciales, han dado gracias por el sustento de sus vidas y por su seguridad; entre nosotros existen celebraciones excelentes que remarcan nuestra historia, como los Pactos de Paz o Guancascos, la Feria del frijol, del pan, maíz, vino de coyol, de los alimentos tradicionales en vías de extinción en Cantarranas, mango, jamo, lluvia de peces, cuajada, rosquilla, el arroz, moros y cristianos y tantos otros a lo largo y ancho del país y del año; no podemos omitir los festivales garífunas en  Atlántida, Colón, Gracias a Dios y Cortés. El ser humano rinde gracias por la bondad y la generosidad del cielo, a la vez que se congrega para compartir lo recibido y alegrarse por lo vivido.
Al meditar en el significado del alimento, no puedo menos que pensar en cómo utiliza el Señor Jesús el alimento que da vida para fundamentar el más grande regalo que dar pudo a la humanidad: el  santísimo Sacramento de la Eucaristía. Él se hace pan para cada uno de nosotros y nosotros deberíamos ser pan para cada uno de nuestros hermanos. Ser pan es la misión maravillosa que Él nos encarga. Ser pan; ser útil; ser común; ser uno en todos y todos en uno… ser Eucaristía viviente, animada desde el mismo corazón del Señor Jesús.

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