Punto de Vista Reflexión

Catolicofobia

Catolicofobia
P. Juan Ángel López Padilla
No estoy inventando una nueva palabra. Lamentablemente vamos a tener que irnos acostumbrando a este tipo de comportamiento agresivo y despiadado, en los próximos años. No quiero sonar alarmista, pero basta echar una mirada al mundo entero y aquí en nuestro ambiente.
En algún momento de este mes sabía que también debía decir algo sobre la familia, sobre el matrimonio. No sólo porque es el mes consagrado a tratar el tema, de manera específica, porque de manera general, el tema debe ser permanente. En la Arquidiócesis de Tegucigalpa, incluso, es una opción fundamental de la pastoral diocesana.
Pero, lo que me motiva a escribir sobre el tema en esta ocasión tiene que ver con el deterioro de los principios que deberían ser enseñados en la familia, y el cómo, aunque hayamos recibido una buena formación, venidos de buenas familias, las cosas no desembocan en los resultados que nuestros padres, han deseado.
No voy aquí a repetir lo que de sobra sabemos de la conexión que existe entre los altísimos niveles de violencia, de división, de corrupción y la ausencia de matrimonios y familias bien conformadas.
El asunto es que en esta semana pasada hemos sido testigos, una vez más, de una gran cantidad de desinformación, de mentiras y de acusaciones en contra de la Universidad Católica y de algunas de las autoridades de la Iglesia. El tema no es lo que esas difamaciones dicen, sino el preocupante aumento de personas que de manera visceral, aunque se presenten argumentos como para desvirtuar las acusaciones, siguen empeñados en atacar, en odiar. ¿Qué nos está pasando realmente? Es horrible ver cómo no discutimos ideas, no argumentamos en base a pruebas, sino que nos dejamos arrastrar por un mar de suposiciones que sólo buscan destruir, porque este o aquel me caen mal.
No tienen idea de la cantidad de comentarios a los que he tenido que responder y tantos que ignoré porque desde el momento en que alguien comienza insultándome sin siquiera conocerme, prefiero tener la libertad de no prestarle ni la más mínima atención, para poder dormir en paz. Cuando me ordené sacerdote sabía muy bien que habría gente que me adversaría, que inventarían cosas por el sólo afán de desacreditar a la Iglesia, porque la Iglesia les estorba. Lo doloroso es cuando el ataque viene de gente de la misma iglesia que podría al menos tener un poco de respeto a la hora de tratar cualquier situación. Toda pasión es engañosa y puede llevarnos a cometer grandes faltas a la verdad y a la caridad. Cuando me atrevo a mencionar nombres, de cualquier persona, debo ser consciente de que detrás de ese nombre hay una historia particular de esperanza, de lucha, de fracasos, de una familia. No es justo, no es humano, no es digno de nadie, prestarse para decir cosas que no tienen otra intención que ofender.
Finalmente, vean hasta donde llega el odio que genera el nombre católico en Honduras. Con la epidemia del Zika que estamos sufriendo ahora es que para salvar de algunas consecuencias a los bebés en gestación, hay que recurrir al aborto. Sólo porque se me ocurrió decir que el problema no son los embarazos, sino el zancudo, ahora es que la Iglesia es retrógrada. Que nos persigan es normal, que nos ataquen sin razón, parece ser la regla.

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