Punto de Vista Reflexión

Santos, como el Cura de Ars

Santos, como el Cura de Ars
P. Juan Ángel López Padilla
Creo que esta es una de las columnas que más me ha costado escribir. El tema me está al alma, pero me resulta difícil expresar en unos cuantos párrafos, lo que llevo dentro.
Mientras escribo, estamos ya en la celebración de la novena en honor del santo Patrono de los sacerdotes, san Juan María Bautista Vianney, el Cura de Ars; cuya fiesta es este 4 de agosto.
Cuando inicié la novena no pude menos que pensar en cada sacerdote, en cada obispo, en cada diácono y en cada seminarista; que soñamos con ser santos, porque no tiene sentido meterse a “este negocio” si la meta, la ganancia, no es la santidad.
También cuando comencé la novena tenía el corazón cargado de oración por tres sacerdotes, que de alguna manera, han marcado mi ministerio. A dos, los conozco desde hace muchos años y a otro, sólo en fotografías. Los 3: sacerdotes que sobrepasaron los 50 años de sacerdocio. Los 3: sacerdotes que hace tiempo debieron retirarse a descansar, pero que entendieron que el Paraíso, es el lugar de descanso; que mientras peregrinamos en esta tierra, debemos seguir sembrando el evangelio.
Mientras escribo, el querido padre Antonio Ribas, está en UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) de un hospital capitalino. Antonio, ha dado su vida en esta Honduras. Con toda certeza ha pasado más en este lado del Atlántico, que en su natal España. En la historia particular de la Parroquia Santa Teresa de Jesús, su nombre está escrito con letras de sudor y sangre. ¡Cuánto bien ha hecho en esas comunidades! No hay palabras para agradecerle su espíritu constructor, no de edificios únicamente, sino de corazones. Un sacerdote que de la mano de Nuestra Señora del Carmen, sigue transpirando el deseo a la santidad.
Mientras sale esta columna para que el equipo editor la revise, estará volando hacia su natal Estados Unidos, un santo sacerdote, un Cura de Ars, que ha vivido entre nosotros y que debo decir que es uno de mis lectores más fieles: el padre John (Jack) Wallace, aunque como lo llama un buen grupo de los sacerdotes jóvenes, es el padre Johncito. Enfrentando al demonio de mil maneras y sobre todo consolando con la fuerza de la Divina Misericordia a los enfermos y a los ancianos, ha sido y seguirá siendo desde la oración y el ofertorio de su enfermedad, un sacerdote ejemplar. Cuando lo fui a despedir tenía puesta una camiseta que decía: “20 razones para ser Romano Católico.” Yo no ocupo sino una, pero nos reímos de las ocurrencias de ser católico en este mundo que si le sumamos, ser sacerdote, es una locura y un grandísimo riesgo.
Dicho lo anterior, el otro sacerdote al que tengo en la mente en este momento y al que me encomiendo con certeza de hermano, es un francés, igual que Juan María Vianney, que no conocí y que hasta el martes pasado, ni idea tenía que existía, pero su sangre derramada junto al altar donde hacía presente el Cuerpo de su Señor, es suficiente razón para decir: Bendita la sangre y la vida de cuanto sacerdote lucha hasta el final por ser testigo en un mundo que no se cansó de creer, sino que cree cualquier cosa y a cualquiera.

A %d blogueros les gusta esto: