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“Pero Dios le dijo: Insensato…”

Al encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Pero Dios le dijo: Insensato…”
(Lc 12,13-21 – XVIII Domingo del Tiempo Ordinario)
P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
Al “vanidad de vanidades, todo es vanidad” del libro de Qohélet, con que se nos abre la liturgia de la Palabra de este Domingo, en la primera lectura, Jesús en el Evangelio de Lucas, arremete con una parábola, donde la palabra sabia de Dios que dice: “Insensato, ¡esta misma noche morirás!, ¿para quién será lo que has acaparado?”, se convierte en el paralelo por su significado a las palabras de Qohélet. Ambos textos están muy bien articulados para dejarnos un mensaje sobre la precariedad del vivir y la búsqueda coherente por el sentido de la vida, que se ve expresado en: “Vanidad de vanidades”, que en hebreo es una especie de superlativo del vocablo habel/hebel, que significa soplo, vapor, humo, aliento, viento, vacío, vanidad, nada. Jesús se lo hace ver al rico de la parábola, que pensaba que la riqueza era algo así de indestructible, que como una barca le conduciría serenamente en el tiempo presente y futuro. Con la pregunta “¿de quién será lo que has acaparado?” Jesús le recuerda el nada y el vacío que deja la muerte sobre las cosas materiales y sobre el mismo hombre.
El rico de la parábola evidencia la torpeza del hombre, que era cuando se ve rodeado de la riqueza, creyendo como bien señala el texto: tengo “muchos bienes para muchos años”. Parece que es la reflexión del párvulo, del adolescente que no mide sus sueños y expectativas, y se aleja de la reflexión del adulto, lleno de experiencia y sabiduría. Por eso Dios le llama: “Insensato”. La riqueza mal asumida puede hacer ineficiente la capacidad del hombre para saber razonar, es decir, su capacidad de ser SENSATO, en todos los momentos de su vida. ¡Hoy esta virtud se ve menospreciada! Los seres humanos participamos de un ejercicio tan vacío de sentido, nutrido por el deseo desmesurado de tener y poseer cada día más y más, cosas materiales. Pero ¿qué son todas esas cosas? ¿hacía dónde nos conducen?, el sabio del libro de Qohélet dice simplemente “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
La película “The Devil’s Advocate” (traducida como El abogado del diablo) es una película estadounidense de 1997 protagonizada por Keanu Reeves (en el papel principal del abogado Kevin Lomax) y Al Pacino (en el papel de John Milton), además de la participación de la actriz Charlize Theron como la esposa de Lomax. Es un buen drama, que actualiza el mensaje de Jesús para nuestros días. La película está llena de simbología respecto a la lucha entre el bien y el mal, entre la sensatez y la insensatez. Resalta la responsabilidad del hombre al momento de elegir qué camino tomar, decisión que deberá tomar el protagonista al final de la película. En el monólogo final, Milton (el diablo), le demuestra a Kevin Lomax que todo ha sucedido por la propia elección de Kevin. Incluso Milton le hace recordar que él mismo le mostró el camino del bien, pero que Kevin escoge seguir el de su propio egoísmo.Como el abogado de la película, podemos por vanidad, traicionar la propia conciencia, los propios valores familiares y sociales que nos han rodeado desde siempre y, hasta como se decía en el pasado, hacer un “pacto con el diablo”. En resumen, la película termina poniendo en los labios del enemigo: “la vanidad mi pecado favorito”. Con el Evangelio de hoy, no toca sino, reflexionar profundamente sobre el rumbo de nuestras vidas y el sentido que le damos a ese vivir en el aquí y ahora. ¡Dios nos ayude siempre a saber ser sensatos!

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