Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Jugáte la vida

Jugáte la vida
Diac. Carlos  E. Echeverría Coto
carloseduardiacono@gmail.com
Ante un mundo tan complicado, con tantas amenazas e inseguridades de todo tipo, cabe preguntarse qué hacer. Y si quien se inquieta por esto es un joven, más vale que le demos una respuesta no sólo adecuada, sino también motivadora y retadora.
Así lo acaba de hacer el Papa Francisco, dirigiéndose a un grupo de jóvenes que, sin ir a Cracovia, permanecen unidos a él y a los jóvenes que asisten, por la oración y por el seguimiento que le han dado a la Jornada a través de los diversos medios de comunicación social: “Yo sé que algunos de ustedes me preguntarán: ‘Padre, usted nos habla de mirar horizontes y de recordar cosas, pero hoy, ¿qué hago?’ ¡Jugáte la vida! Hoy asumí la vida como está y hacé el bien a los demás. Hoy se está jugando en el mundo una partida en la que no hay sitio para los suplentes, o jugás de titular, o estás afuera”.
El ser humano es, en efecto, un ser de posibilidades y, por tanto, es capaz de evolucionar. Dios es la suma perfección, ¿para qué iba a necesitar alguna modificación a su ser?  Algunos animales puede aprender de los humanos a hacer ciertos trucos, pero eso no mejora su esencia. Sólo el ser humano es capaz de modificarse y mejorarse como especie y como individuo. Podemos aprender más, hacer más, amar a más personas y amarlas mejor. En otras palabras, hay que tomar nuestros talentos y hacerlos dar fruto. Así lo dice el Santo Padre: “Asumí la realidad y llevála adelante, hacéla fructificar, hacéla fecunda. ¡Dios te llama a ser fecundo! Dios te llama a trasmitir esa vida. Dios te llama a crear esperanza. Dios te llama a recibir misericordia y a dar misericordia. Dios te llama a ser feliz ¡No tengas miedo! No tengas miedo. ¡Jugátela toda! La vida es así”.
Es tremendamente triste encontrar jóvenes, prematuramente envejecidos, que parecen enfrentar la vida sin esperanza. En realidad no la enfrentan, están en ella;  unos sin actividad ni horizonte; otros, avanzando de a poco, como por inercia; otros más, yendo a prisa, a toda prisa, hacia el abismo. ¡Qué contraste con los jóvenes entusiastas que hemos visto vibrantes en Cracovia. Ellos han escogido una meta y han optado por un ideal, por una brújula que les marca el rumbo de toda una vida.
Los adultos quizá hemos tenido y tenemos la gran responsabilidad de haber convencido a quienes nos siguen en el camino de la vida, que no se puede, que no hay nada que hacer, que hay que resignarse o sufrir. Ojalá que hayamos sabido, en cambio, sembrar esperanzas. Ojalá les hayamos mostrado que hay futuro, pero sin olvidar las raíces, como lo ha hecho el Papa: “Siempre tener el coraje de querer más, más, más.., con valentía pero, a la vez, no olvidarse de mirar atrás, a la herencia que han recibido de sus mayores, de sus abuelos, de sus padres; a la herencia de la fe, esa fe que ahora ustedes tienen en sus manos para mirar hacia adelante”.

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