Editorial

Editorial del Domingo 31 de Julio de 2016

La familia: formadora de personas
Mañana comienza el mes de agosto; en Honduras es “el mes del matrimonio y la familia”. Lo cual es muy importante pues provee un lapso de oración, reflexión y de convivencia celebrativa, para concientizar a la ciudadanía sobre la familia como el elemento esencial y central, para la realización humana de la Persona  y de la Sociedad.
La Sagrada Escritura nos narra cómo, de acuerdo al designio de Dios, la pareja de hombre y mujer, constituye la expresión primera de la comunión entre personas humanas. Y al mismo tiempo les confiere una función procreadora que los convierte en colaboradores de Dios, De manera que la familia se convierte espacio de humanización y origen de la vida y el amor.
Es en la familia donde se aprende a conocer al Dios vivo, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo En su seno, Dios se muestra  con el amor  y la misericordia que Él dispensa a cada uno de los cónyuges. Son los Padres, los primeros transmisores de la fe religiosa, a través del cariño entrañable y el cuidado amoroso que conceden a cada uno de sus hijos.
Es también en la Familia donde se enseñan los principios y valores éticos y morales, que servirán a sus hijos, para adoptar las virtudes que denotan consideración y servicio al prójimo, en todos los ambientes donde les toque desenvolverse.
Por otra parte, el Señor Jesús constituyó el matrimonio como un sacramento, a través del cual bendice y santifica a la familia. Confiere a cada uno de sus miembros, una eminente dignidad cristiana de “hijo de Dios”. A la vez, solidifica la unidad familiar, colocándola como el centro de la vida social.
San Juan Pablo II la definió así:” La familia nacida de la íntima comunión de vida y de amor conyugal, fundada sobre el matrimonio, entre un hombre y una mujer” y el Concilio Vaticano II lo expresó así: “La familia es poseedora de una específica y original dimensión social, en cuanto lugar primario de relaciones interpersonales, célula primera y vital de la sociedad”.
Hasta ahora, hemos hablado del matrimonio y la familia como nos ha sido transmitido por la revelación cristiana, y por la experiencia de miles de familias que han sabido vivir el amor mutuo entre sus miembros. Familias que han podido contribuir al mejoramiento de la convivencia humana, por la formación ética y moral que han sabido transmitir de padres a hijos, por varias generaciones.
En la Honduras de hoy, el matrimonio y la familia, han sufrido fuertes mutilaciones  derivadas de la violencia y la pobreza, institucionalizadas en la realidad nacional. Como la existencia de hogares donde solo está presente uno de los miembros de la pareja. Ello significa aproximadamente como la tercera parte de las familias del País. Y el 71 % de estas familias están siendo sostenidas por la sola presencia de la Madre.
Una familia en estas condiciones presenta mucha dificultad para el sostenimiento del hogar y la formación de los hijos. Significa que quien es el jefe del hogar tiene que tener extensas jornadas de trabajo, lo cual no le permite pasar mucho tiempo con los hijos, y ello repercute en disminuir su rol de formador de personas. Hay problemas para supervisarles la calidad del tiempo de estudio, las compañías que frecuentan y las actividades extra estudiantiles en que están inmersos.
También existen Honduras los hijos que viven separados de sus Padres, pues estos  emigraron hacia los Estados Unidos, y que cumplen con el deber de la manutención a través de las remesas familiares, pero que no contribuyen en la educación humana de la prole. Lo que repercute negativamente en su formación afectiva.
Además, la familia hondureña está acechada por múltiples tentaciones que destruyen la dignidad de la Persona. El narcomenudeo que se ha descubierto que tiene como meta de mercado a los estudiantes de secundaria. La invitación de hacer dinero fácil uniéndose a cualquiera de las pandillas. La seducción a la práctica del comercio sexual. Tentaciones que atraen por las dificultades de obtener un trabajo honrado, y la urgente  necesidad de generar un ingreso.
Las contrariedades en las familias, por ausencia de los Padres o por la falta de tiempo  para compartir con sus hijos, crean grupos vulnerables con necesidades de asistencia y protección, que el DINAF debe coordinar, con las organizaciones que trabajan en beneficio de la juventud. De su oportuna atención depende el futuro de la sociedad hondureña
Como loa expresara el Señor Jesús: “Busquen el Reino de Dios y su justicia….lo demás vendrá por añadidura”.

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