Punto de Vista Reflexión

En el país donde todo es política

En el país donde todo es política
P. Juan Ángel López Padilla
El día martes de esta semana pasada fue uno de esos días increíblemente “sui generis”. Comencé mí mañana, como casi todos los martes, dirigiéndome a la Lectio Divina que práctico desde hace más de ocho años, con un grupo de hermanos.
El asunto es que mientras iba de camino me consultaron de una cadena de televisión sobre la posibilidad de que una imagen que se encuentra en Danlí, imagen preciosa por cierto, estuviese llorando. Mi respuesta quedó plasmada en mi voz y en el video que se estaba transmitiendo en ese momento. Como siempre, los medios que luego reproducen la noticia, tienden a tergiversar las cosas y a tomar lo que quieren, con tal de causar el sensacionalismo, al que está acostumbrado nuestro mundo.
Insisto, la posibilidad de que esa o cualquier otra imagen, pueda llorar, es un asunto que debe ser probado y al que debemos ser siempre muy cuidadosos en valorar, dada la larga experiencia de la Iglesia, en esta materia. Algunos le llaman ecepticismo, prefiero llamarle cautela y prudencia. Dado que nuestra fe no está, ni debe estar fundada en este tipo de manifestaciones, sino en el seguimiento del Maestro, que es el único Mediador y el único Salvador.
La Madre del Señor goza desde su Asunción de la Gloria eterna y por lo tanto no puede sufrir corporalmente nada. Como Madre, porque la maternidad no termina en la vida eterna sino que se plenifica en ella, por la comunión de los santos, estamos seguros que ella sigue unida a nosotros. Esa unión espiritual y moral es lo que puede llevarla a sufrir el dolor de nuestra lejanía de Dios, de los actos que cometemos contra su voluntad.
Lo más grave es que, viendo todo esto, sigamos interesados en otro montón de cosas fuera de evitar esas lágrimas en el rostro de nuestras madres y de esta Madre que las engloba a todas. Es tanto el dolor que causamos al corazón de nuestra Madre que es inútil que nos escudemos detrás de si es o no posible que esta imagen u otras lloren. Debemos tener absoluta certeza de que nuestro Señor no puede estar feliz viendo como nos desangramos, nos dividimos, como nos llenamos de odio.
Ahora bien, ¿Qué es lo que nos lleva a tanta división, a tanto odio? En nuestro mundo una de las mayores fuentes de división es la política y por eso son tantos los que quieren mezclar “el cebo con la manteca”.
No soy muy dado a prestarle atención a los comentarios de la gente que se dedica a la política como un “modus vivendi”, porque aunque respeto su libertad de elegir la manera que consideren apropiada para llevar adelante su vida, me parece increíblemente fuera de lugar que al hablar de un tema como el de la Virgen, se pregunte por el partido político de quien escribe estas líneas.
Pero, como toda pregunta merece una respuesta, le respondo a ese señor que se atrevió a pretender mezclar mis respuestas con la política. Mi partido político es el del Padre Nuestro. No me interesa en lo más mínimo si lo cree o no. Al final lo que cuenta es que seremos juzgados no por el título que tenemos y yo prefiero enjugarle alguna lágrima a mi Madre.

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