Editorial

Editorial del Domingo 24 de Julio de 2016

Buscar la convivencia pacífica
Todos los días, en los diferentes Medios de Comunicación, se destaca la pérdida de vidas humanas que ocurren en varias localidades hondureñas. A pesar de los patrullajes  de policías  y militares, por combatir el delito mediante la captura de los delincuentes, cada día aparecen nuevas víctimas de los sicarios, quienes se han convertido en un mal detestable. Pero que lamentablemente ya se ha  institucionalizado en la nación.
Esa violencia criminal que altera la convivencia pacífica de los hondureños, está ligada al narcotráfico, la extorsión, el robo y la venganza. También destaca la existencia de las pandillas “o maras” que constituyen un verdadero drenaje donde se pierde el futuro promisorio, de una parte apreciable de la juventud hondureña.
Es una situación similar, a la que se vive en El Salvador y Guatemala, los países vecinos del triángulo norte de Centroamérica. Estas tres naciones, han sido “tierra de paso” para los cargamentos de droga en tránsito de Sur América hacia México y los Estados Unidos. Trabajo bien remunerado, mediante pago en especie, consistente en quedarse con parte de la droga, para ser vendida y consumida, en los respectivos países.
Este esquema delictivo, permite a los narcotraficantes disponer de mucho dinero, con el cual se ha descubierto, que han corrompido a las autoridades policiales, judiciales y a políticos. Convirtiendo a esta nación en un arsenal, repleto con armas de todo tipo.
En Honduras la policía ha logrado incautar armas de fuego de alto precio, hasta en posesión de menores de edad, quienes tienen destreza en manejarlas, pues han sido entrenados como sicarios, y así han perdido la conciencia del valor que tiene la vida humana.
De hecho,  podemos afirmar que en Honduras existen dos ejércitos: el que está señalado en la Constitución de la República y además, las bandas integradas por criminales, así como las varias pandillas que se han constituido. Todos estos grupos ilegales están bien armados, teniendo un gran  potencial de fuego, equivalente a una auténtica tropa militar, ya que utilizan armas modernas y de largo alcance. Lo cual es la razón por la que se ha determinado que los militares auxilien a la Policía Nacional, para evitar que los delincuentes dobleguen, por el uso abusivo de la fuerza, a la población desarmada.
La descomposición moral en algunas instituciones ha llegado a tal punto, que en el poco tiempo que tiene en funciones la Comisión para la Depuración Policial, sus miembros aseguran que hasta el momento han desarticulado 22 bandas criminales, que estaban operando desde el interior de la Policía Nacional.
Este último hecho nos indica, que la violencia criminal está asentada en Honduras, desde hace muchos años. Y que la ciudadanía no ha estado siendo protegida, sino que más bien ha sido hostigada por la brutalidad criminal que ha estado presente, en distintas manifestaciones de la vida cotidiana, especialmente afectando la existencia de los más pobres.
Este es el momento en que la ciudadanía, debe exigir y apoyar, el fortalecer las distintas instituciones de operadores de justicia.  De tal forma que exista una excelente formación profesional, tanto desde la ética como del conocimiento científico intelectual, para el desempeño de cada una de las funciones requeridas, y asegurar, su capacidad e idoneidad, para defender una convivencia ciudadana saludable.
Solo con personal bien formado en los varios cuerpos policiales, en la Fiscalía General y las diferentes judicaturas, se podrá realizar de modo eficiente y expedito el combate a la violencia; el debido proceso a quienes sean enjuiciados; y además, la correcta y estricta aplicación de la Ley a quienes resulten culpables. De manera que se genere un verdadero Estado de Derecho. Ello constituirá la mejor garantía para que se pueda alcanzar una verdadera convivencia pacífica, en el seno de las comunidades hondureñas.
Para lograr el objetivo de vivir con paz y justicia, es necesario que exista un consenso amplio en la población, sobre la necesidad de fortalecer las instituciones que sea necesario, para garantizar la honestidad y evitar la corrupción, de quienes están comprometidos a afirmar los derechos inalienables de cada ciudadano.
Un aspecto importante es que los hondureños tengan la capacidad de entenderse en la determinación de un consenso social. Lo cual será factible si se maneja, con inteligencia y prudencia, la crispación y el intenso disenso, ahora existente en el campo político.
Recordemos las palabras del Señor Jesús: “Dichosos los que trabajan por la paz….ellos serán llamados hijos de Dios”.

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