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“Si llevas a la Virgen en tú corazón no tienes nada que temer”

“Si llevas a la Virgen en tú corazón no tienes nada que temer”
El día consagrado a Nuestra Señora del Carmen es una fecha especial para Monseñor Juan José Pineda. En este día se conmemora su aniversario como religioso, como sacerdote y obispo. De igual manera, 111 años antes se creaba la congregación religiosa a la que pertenece.
Texto y fotos: Eddy Romero
emromero@unicah.edu
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Un 16 de julio de 1849 a las 9:30 am en el segundo piso del Seminario de Vic de la provincia de Barcelona, Antonio María Claret, fundaba junto a seis sacerdotes más, la congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María; conocidos como Misioneros Claretianos.
156 años después, un hijo de esta congregación, un hondureño apasionado por la misión y la justicia recibía el Sacramento del Orden, en el grado episcopal. Hablamos de Monseñor Juan José Pineda Fasquelle, Obispo Auxiliar de Tegucigalpa.
“En alguna ocasión cuando San Antonio María Claret tenía algún problema o alguna dificultad se iba  al sagrario y frente a la imagen de la Virgen y les decía ustedes me metieron en este problema, ustedes me van a sacar adelante, entonces yo elegí este día para mi ordenación porque es un día muy señalado, como para decirle al Señor Jesús, a la Iglesia y a la Virgen, ustedes me metieron en este problema, ustedes me van a sacar adelante”.

PADRES  Aquel año que se fundaba la famosa banda de los Beatles, en las vísperas de navidad nace un 19 de diciembre de 1960 en las salas de maternidad del hospital Viera de Tegucigalpa, un niño llamado Juan José Pineda Fasquelle.
Hijo de don Carlos Pineda de quién recuerda aquella pascua eterna. “Mi papá Carlos, pasó al cielo desde mis brazos, hace ya casi 8 años, porque mi papá murió en mis brazos; yo le dije al Señor, en el momento en que mi papá murió, Señor estos brazos ya hicieron lo que tenían que hacer, ahora te toca a ti con los tuyos”.
En su cruz pectoral, resalta una imagen de la Virgen de Suyapa, “el 16 de julio del año 2005, el día que fui ordenado obispo, mi papá me puso esta medalla, aquí en este pectoral que es el único que yo uso desde el día de mi ordenación y mi papá me dijo a partir de hoy vas a tener que sufrir mucho pero si llevas a la Virgen en tu corazón no tienes nada que temer”.
Al hablar de su madre, aparece en sus ojos un brillo que evoca la ternura recibida por una mujer generosa. “Mi Mamá Norma tiene 85 años, vive en el campo, es una mujer trabajadora, ella se preocupa por todos, ella dice que vive en la casa del pueblo, porque si alguien tiene hambre, allí hay comida, si quiere hablar, allí hay quien le escuche, si quieren dormir, allí hay donde descansar, si quiere gritar, que se vaya al monte y que grite”.

HÉROE Monseñor Pineda relata la estrecha relación que ha tenido con sus hermanos, especialmente una anécdota con su hermano mayor. “Soy el menor de cuatro hermanos, mi hermano Carlos, el mayor que hasta el día de hoy es mi héroe, tú sabes que cuando uno es niño uno siempre tiene un héroe, pero a mí me ha ocurrido una cosa curiosa, nunca ha dejado de ser mi héroe”.
“Cuando estábamos pequeñitos allá en Tegucigalpa, mi hermano me cuidaba a mí por ser el más pequeño, mi mamá cuidaba a mi hermana por ser la única mujer y mi papá cuidaba a mi hermano César, e íbamos todos los sábados a ver a la Virgen a Suyapa y el primer recuerdo religioso,  además de la bendición de la mesa y de rezar antes de acostarse que yo tengo, es en esa barandita de madera que todavía está allí en Suyapa; allí mi hermano se ponía de rodillas y yo al lado de él”.
“El cerraba los ojos y juntaba las manos y yo le jalaba la camisa y le preguntaba “Calín, Calín”, ¿qué estás haciendo? y él me decía, yo estoy rezando y ¿qué es rezar? dije yo, él me contestó;  estoy hablando con Dios y dónde está Dios le preguntaba, el me señalaba la Virgen y me decía, allí está Dios; entonces la primera experiencia religiosa que yo tuve fuera de mi casa, fue con mi hermano Carlos y cuando se lo cuento a él, tanto el como yo nos emocionamos, porqué es una cosa muy bonita y yo se lo agradezco a él de corazón que él fue quien me mostró a Dios fuera de la casa, él fue el que me acompañó de la mano para llevarme a ver a la Virgen fuera de la casa y se lo agradezco de corazón”.
“Mi hermana Gloria es  una gran mujer, vive en El Salvador, es abuela de tres, mi hermano César es médico, vive en San Pedro Sula y es un gran hombre; somos una familia normal, de gente trabajadora, que ha tenido sus dolores y sus sufrimientos, que no se han acabado ciertamente, pero es una familia muy unidad y eso es una de las cosas que a mí más me ha fortalecido”.
“En estos 37 de profesión religiosa, 28 de sacerdote y 12 de obispo, nunca mi familia ha hecho un compromiso en nombre mío. Me han respetado tanto que cuando alguien quiere saber algo, les dicen, pregúntenselo a él. Nosotros no somos los que manejamos su agenda. En eso ellos han sido muy respetuosos y yo se los agradezco un montón”.

Vocación Misionera
Al hablar de su vocación, nos revela una historia que es primera vez que cuenta, “yo estaba en la universidad estudiando Arquitectura y voy un día al patio de la parroquia y encuentro a un sacerdote debajo de un árbol y le digo, ¿padre,  puedo hablar con usted? y el padre José Antonio Palacios, me dice siéntate y entonces le digo: fíjese que Dios quiere algo conmigo, entonces simple y sencillamente cerró el libro y me lo dio y me dijo vete y lee este libro y después regresas a hablar conmigo, si te lo robas es problema tuyo, pero si ese libro lo entiendes, vas a regresar a hablar conmigo, punto y se acabó”.
“Yo me quede un poco desconcertado, porque yo hubiera creído que me iban a echar la red, el gancho, el anzuelo o algo parecido, como quién dice, este no se va; no, fue una libertad grandísima, el hombre simple y sencillamente me dio un libro y me fui. Empecé a leer aquel libro del que hoy es San Rafael Arnáiz Barón, que en aquel entonces era simple y sencillamente un siervo de Dios, no era ni siquiera beato, hoy es santo”.
Este libro trataba de un muchacho que estaba en la Universidad que estaba estudiando Arquitectura y que se fue a un monasterio de monjes trapenses en Palencia. “Me impresionó tanto aquel libro y la actitud de aquel sacerdote que regrese a hablar con él y le lleve el libro de regreso y ya dialogamos en torno a aquel libro y fue muy interesante”.
Ya estudiando Monseñor revela otra de sus anécdotas en torno a su vocación. “El que era entonces el superior de la comunidad, lo que equivale al rector, era Ángel Garachana, ni más ni menos, el actual Obispo de San Pedro Sula”.
“Ángel era mi superior y le dije que quería ir a la Trapa de Palencia, al sepulcro de Fray Rafael Arnáiz Barón. Me concedió el permiso y me pasaba horas a los pies de la tumba de aquel hombre que ya era Beato. Hacía la vida de los monjes, levantándonos a las cuatro de la mañana y viviendo a ritmo de campana, porque allí no hay relojes ni nada, si él logró y ahora es santo, por qué no lo puedo lograr yo también”.
Una de las alegrías más grandes de Monseñor, es la misión. “La forma como yo creí que Dios me pedía que fuera misionero era encaramándome en una mula y subiéndome en una montaña. Eso es lo que a mí me gusta, recuerdo que alguna vez, el maestro de novicios ya hace casi 40 años nos decía en el Seminario, un misionero al que no le gusta la calle, al que no le gusta hablar, mal misionero y yo decía yupi, este es mi lugar jajaja”.
“Todos los días Dios me ha enseñado algo a través de su pueblo. A mí me gusta escribir mucho, esto es primera vez en la vida que lo digo, tengo cerca de 56 mil páginas escritas que espero que nadie nunca lea, jamás, que es la escuela de la vida, no es un diario, porque no mencionó nombres, lugares, ni biografías ni horas ni nada, sino que es el libro de la vida, en donde yo todas las noches antes de acostarme, en mi oración, escribo que es lo que Dios, la Iglesia, el pueblo de Dios me ha enseñado hoy”.

El dato
16 de julio
Con motivo de la fiesta de Nuestra Señora del Carmen y que coincide con la fundación de los misioneros claretianos, el 16 de julio de 1988 fue ordenado sacerdote por el Cardenal Rodríguez. En esa misma fecha, pero en el año 2005, fue ordenado obispo por Rodríguez también. Este año, también se cumplen 37 años de su profesión perpetua como religioso.

QUIÉN ES MONSEÑOR PINEDA
Es hijo de Carlos Pineda (QDDG) y Norma Fasquelle, es el menor de cuatro hermanos. Estudió en el Instituto Salesiano San Miguel desde el primer grado hasta el sexto de primaria, también estudio en colegio Internacional en Asunción, Paraguay del séptimo al noveno grado de educación media. El bachillerato lo realizó en el colegio Anna. D. Bechtold de San Pedro Sula.  Realizó su aspirantado y postulantado en la Casa de Formación de la Estrella. Su noviciado en la Casa-noviciado del Picacho, ambos en Medellín, Colombia. Comenzó sus estudios de filosofía eclesiástica en la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín, luego se trasladó a España para concluir en el Estudio Teológico Claretiano, que estaba afiliado a la Pontificia Universidad de Comillas, Madrid,  donde también estudió la teología. Obtuvo asimismo, bachillerato en Sagrada Teología, una licenciatura en Derecho Canónico. En esta rama se especializaría, obteniendo el doctorado. Es experto en derecho de religiosos, postulador para las causas de beatificación y canonización, en praxis administrativa canónica que son algunas causas de dispensa del sacerdocio y las causas de matrimonio “rato y no consumado” y tiene diplomados en inglés y técnicas en medios de comunicación. Su Ordenación diaconal fue el 19 de diciembre de 1987, día en que estaba cumpliendo años, fue en Roma de manos de Monseñor Zenon Grocholewski, secretario de la Signatura Apostólica en la capilla internacional de los claretianos. Su Ordenación sacerdotal fue el 16 de julio de 1988 en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de San Pedro Sula. Le ordenó el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez. El mismo arzobispo, lo consagró Obispo el 16 de julio del 2005 en la Basílica de Suyapa.

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