Editorial

Editorial del Domingo 17 de Julio de 2016

p4editorial2Identidad hondureña
En Honduras, el mes de julio, es el mes de reflexión sobre la identidad nacional. Oficialmente el Congreso Nacional, declaró “Día de la hondureñidad”, el 14 de julio, fecha en que  se realizó el ataque militar a territorio hondureño, por parte de las Fuerzas.
Armadas de El Salvador en el año de 1969. Conflicto que duró hasta el día 18 de julio del mismo año. La intervención de la OEA, produjo el cese al fuego.
Este enfrentamiento bélico fue bautizado con los inapropiados nombres de “la guerra del fútbol” o la “guerra de las 100 horas”. Ya que coincidió con las eliminatorias de las selecciones nacionales de ambos países, por la asistencia al mundial de México 70.
El infausto  suceso que involucró a dos pueblos hermanos, tuvo como trasfondo humano la migración masiva de campesinos salvadoreños a Honduras como residentes ilegales. Y la necesidad de tierras para el campesinado hondureño, listos para ser favorecidos por el impulso de un proceso de Reforma Agraria incipiente.
También en el mes de julio tiene lugar la celebración del “Día de Lempira”, el indómito jefe indígena que opuso resistencia a los conquistadores españoles desde las alturas del Congolón. La existencia de este personaje histórico fue comprobada, con detalles sobre su lucha, por el historiador Mario Felipe Martínez Castillo en el Archivo de Indias. Por lo tanto, el cacique Lempira es uno de los símbolos de la identidad del hondureño, como lo son José Cecilio del Valle, Francisco Morazán, José Trinidad Reyes y muchas otras figuras históricas relevantes, por sus aportes a la construcción de esta nación.
Honduras es una nación multiétnica y multicultural, signada por una historia rica y una amplia diversidad socio económica. Posee abundancia en recursos naturales y de una    extensa biodiversidad a lo largo y ancho de su territorio. De manera que la identidad de su población es gestada en la diversidad, pero que constituye un patrimonio que es preciso valorar, cuidar y estimular.
La mayoría de la población hondureña está integrada por jóvenes. Ello brinda la gran oportunidad de buscar concentrarse en pensar y construir el futuro. Partiendo de las lecciones dadas por las raíces históricas, se puede perfeccionar la capacidad de renovación, oteando en dirección al futuro lleno de paz, justicia e inclusión.
Pero no hay que olvidar que el futuro se comienza a forjar en la actualidad, por medio de la formación de una ciudadanía consciente y comprometida. Hombres y mujeres que sientan, desde lo más profundo de su ser, la necesidad de trabajar por el Bien Común. Se requiere de ciudadanos honestos y generosos, que tengan sentido de solidaridad, que entiendan que las actitudes  y acciones egoístas, ambiciosas y excluyentes,  conducen a la indiferencia de las necesidades ajenas. Así surgen en la sociedad actual los males que la ahogan: el narcotráfico, la corrupción, la extorsión, la exclusión de algunas culturas, el tráfico de personas etc. Y además, condena a la indigencia a sectores de la población.
Por ello se requiere la existencia de grupos y organizaciones, públicas y  privadas, que constituyan una institucionalidad, capaz de lograr acuerdos políticos que contengan los consensos, sobre principios y valores, que guiaran hacia una convivencia humanizante.
Esa será la mejor manera de estructurar y defender una hondureñidad incluyente, basada en perfeccionar la memoria histórica de la nación. También será importante tener muy presente las raíces de la cultura nacional. Todo con la meta de constituir una familia hondureña humana, fraterna y solidaria, con capacidad de construir un diálogo global, entre sus miembros, porque sabrá, manejar y  forjar, la unidad en la diversidad.
En ninguna sociedad existe un mecanismo automático que asegure la equidad y la justicia. Sólo por medio de valores y principios éticos, hechos vida, por medio de actos concretos y medios eficaces, se podrá forjar la solidaridad humana. ¡Sólo con criterios solidarios se pueden percibir las necesidades de los pobres y los excluidos!
En la sociedad hondureña existen problemas estructurales como el desempleo. Pero ya se vislumbran algunos proyectos que, a mediano plazo, generarían inversión y trabajo. Por lo cual, habrá que comenzar a construir una “cultura de la esperanza” y no dejarse dominar por el negativismo y el desánimo que ahora, debido a las circunstancias,  nos abate.
La actitud decidida de los hondureños, por una convivencia pacífica y fraterna, es lo que ha de determinar el futuro promisorio de la nación, Todos empeñados en participar de una vivencia de comunión ciudadana, que sirva para construir el futuro de la nación, sobre el fundamento de la centralidad de la Persona Humana en la sociedad.
Ya lo expresó el Señor Jesús: “Amar  a Dios sobre todas las cosas….y al prójimo como a ti mismo”.

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