Caminar Punto de Vista

La juventud y el bien común

p5caminarLa juventud y el bien común
Jóse Nelsón Durón V.
En nuestro caminar es preciso descubrir el porqué, el motivo, la ruta y la meta que nos animan a continuar; pese a las vicisitudes y temores; gracias a las alegrías. No es posible caminar sin sentido y sin propósito; no parece sensato sencillamente deambular despreocupadamente, empachados, ciegos y sordos al dolor y las carencias de los demás, que nuestra indiferencia a veces llega a calificar como la cruz que carga nuestra existencia cuando no apreciamos la viga en nuestros ojos. Por más que se desvalore, el descubrimiento del otro es siempre novedad y, en la mayoría de los casos, si se hace sin preconcepciones y, por el contrario, abiertos a la gracia y el don de los otros, seguramente la chispa del entendimiento y la mal llamada química con el otro germinará en la flor de la comprensión y la solidaridad. Esa apertura a la realidad humana que nos rodea, sin juzgar y mucho menos condenar, también nos concede armonía y serenidad para valorar acertadamente y, desde una perspectiva apropiada, los diarios sucesos que afectan nuestro derredor.
Atrevidos que somos, nos sorprende que en un pueblo tranquilo y justo como el nuestro, se estén observando retrocesos en logros alcanzados en la UNAH, por ejemplo, donde el Alma Mater estaba siendo sustraída de la reprochable y tradicional égida política, fiadora de actos de incursión en el medio educativo de todos los niveles. La educación es un derecho de los ciudadanos, sin duda, pero debe estar sujeta a parámetros que la condicionan. “El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales es un tratado multilateral general que reconoce derechos económicos, sociales y culturales y establece mecanismos para su protección y garantía.” Enumera una serie de medidas concretas que incluyen la libre prestación de la educación primaria, universal y obligatoria y el deber de hacer accesible y generalizada la educación secundaria en sus diversas formas e igualmente accesible la educación superior. Allí están las reglas: el Estado cumple su obligación y el pueblo tiene la oportunidad de educarse; y las exigencias sociales, culturales y económicas del mundo definen la calidad necesaria, porque es también un derecho de los pueblos el desarrollo, que le abre puertas a mejores condiciones de vida. No es la política del patio quien puede entrometerse calificando como derecho la politización de la comunidad universitaria, sembrando intolerancia, odio y actitudes nada culturales en una juventud que debe prepararse para forjar el futuro de la nación. Colaboremos más bien a que nuestros jóvenes mejoren sus actitudes producto de intereses politiqueros y hagámosles cercanos al corazón patrio, ávido de sus logros y progresos.
Hermano, ¿no sería fantástico que se dijera de ti: ¡miren cómo ha amado, cómo ha ayudado, cómo ha servido¡? Leí hace poco cómo los frailecitos de san Francisco de Asís, para calentar a un hermano que estaba casi muerto de frío, lo rodearon y apretujaron con las caras llenas de risa hasta que el calor le devolvió a la vida. ¿No deberíamos hacer lo mismo con un país continuamente asaltado por la multicolor corrupción de nuestros políticos, funcionarios, profesionales y empresarios? Enseñémosle a nuestra juventud que para la patria el bien común es mejor negocio que las huelgas y la intransigencia; y al enseñar, hablen fuerte, para que autoridades, estudiantes y docentes oigan también y aprendan que al regreso del viaje, como lo hace el buen samaritano, debemos pagar por el curado de las heridas infringidas.

A %d blogueros les gusta esto: