Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Situaciones irregulares

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Amoris Laetitia/11
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Luego de dos sínodos sobre la familia y de la Exhortación Apostólica Post-sinodal “Amoris Laetitia”, la doctrina católica acerca del matrimonio sigue siendo la misma.  Se trata de 1º) una unión entre un hombre y una mujer (“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer” – Gn 2, 24);  2º) que forman una nueva entidad (“De manera que ya no son dos sino una sola carne” – Mc 19, 6);  3º) que establece un compromiso radical (“Prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad” – Ritual matrimonial);  4º) de carácter duradero (“Todos los días de mi vida” – Ritual);  5º) de carácter indisoluble (“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” – Mc 19, 6).
La ratificación de esta doctrina, no debe impedir a la Iglesia ver que hay parejas que, por diversas circunstancias, han seguido otro rumbo y que, como hijos que son de Dios por el bautismo, son merecedores de la solicitud pastoral de los ministros consagrados y del acompañamiento de sus hermanos laicos. El Papa lo expresa utilizando palabras de los padres sinodales (Relatio 2014, 28): “Aunque siempre propone la perfección e invita a una respuesta más plena a Dios, la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza, como la luz del faro de un puerto o de una antorcha llevada en medio de la gente para iluminar a quienes han perdido el rumbo o se encuentran en medio de la tempestad” (AL 291).
Entre los que han perdido el rumbo están quienes por seguir los dictados de una cultura dominante, por precariedad económica o por no estar seguros de poderse comprometer para toda la vida, han optado por convivir en una unión de hecho y quienes han optado únicamente por el matrimonio civil.  Se nos invita a valorar en estas uniones los signos de amor que tienen y ver en ellas el reflejo del amor de Dios. A estos hermanos hay que acompañarles e invitarles a considerar, dentro de una perspectiva de maduración en la fe, la posibilidad de recibir el sacramento. Muchas parejas en nuestro medio han dado este paso, consolidando a la vez la mutua entrega y su caminar por los caminos de la gracia divina.
Quienes se encuentran en medio de la tempestad son aquellos que se hallan en situaciones inesperadas que les causan dolor físico o mental, ante una pareja infiel, agresiva o viciosa. Aunque puede haber lugar para la lucha, el apoyo y el perdón, con alguna frecuencia tales situaciones llevan a la separación y al divorcio. En esos momentos de pena la Iglesia debe de estar presente con la solicitud de una madre, expresada por medio de los pastores y de los hermanos. Numerosos son quienes unen sus vidas a una nueva pareja en la que, con cierta frecuencia, pueden encontrar la estabilidad, el amor y el respeto que no encontraron en la primera relación.  Sin olvidar que hay casos en los que se pueden evidenciar motivos de nulidad del primer vínculo, hay muchos otros donde esta vía no procede.  A ellos también hay que integrarlos y acompañarlos pastoralmente “…para que sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia… sintiéndola como una madre que les acoge siempre, los cuida con afecto y los anima en el camino de la vida y del Evangelio” (AL 299).
Quiera Dios que los diversos grupos de Pastoral Familiar emprendan este camino de misericordioso acompañamiento a estos hermanos nuestros.

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