Homilia

Homilía del Domingo 3 de Julio de 2016

p3homiliaHomilía del Señor Cardenal para el Décimocuarto Domingo de Tiempo Ordinario
“Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre” (Lc. 10,17).
Los discípulos se dirigen a Jesús al comienzo de su misión con estas palabras:   “Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre”. Ellos están experimentando los frutos liberadores de la misión. En realidad, sólo libera quien es verdaderamente libre.
Jesús interpreta la liberación producida por “los setenta” como el principio del fin de los adversarios del designio  de Dios. Por eso,  dice: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” ¿qué significan estas palabras?. Significan  que la escala de valores del mundo y del  sistema de dominación y de poder se desmorona ante la acción liberadora de Jesús. Lo que “cae del cielo como un rayo” son esos falsos valores en que está montada nuestra  sociedad. Vivimos en un momento en que se derrumban muchos falsos valores y también el sistema imperante, la crisis económica es prueba de ello. La decadencia de este derrumbe ha comenzado ya y es uno de los signos de nuestro tiempo. En este contexto somos invitados a volver nuestra mirada a Jesús, el Resucitado y abrir nuestros ojos a la belleza y a la fuerza liberadora del Evangelio.
Después Jesús invita a sus discípulos a una confianza profunda y les dice: “Yo os he dado el poder para andar sobre serpientes y escorpiones y nada os hará daño”. El nos da a nosotros la fuerza de superar todo aquello que envenena y amenaza nuestras vidas. A pesar del poder destructor de las dificultades que podamos encontrar (serpientes y escorpiones) “nada podrá hacernos daño”, puesto que os he dado potestad para pisotearlos. Aquí se fundamenta nuestra confianza, en esta fuerza que nos viene de El. “Os he dado poder, fuerza, para pisotearlos”. Quiere decir que por muy grandes que sean las dificultades que atravesamos en la vida, tenemos en nosotros la fuerza suficiente para superar todo.
Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre, sin embargo, Jesús añade: “que nuestra alegría no esté en que se nos someten los espíritus; sino en que nuestros nombres están escritos en el cielo”. Jesús aporta un matiz a la alegría de sus discípulos. ¿Qué quieren decir estas palabras? Estas palabras quieren decir que toda verdadera alegría está en el Señor y que fuera de El no puede haber ninguna alegría, pues nuestra alegría no será auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas exteriores que pueden sernos arrebatadas. Que nuestra alegría se base en la experiencia de sentirnos amados por Dios y esto basta para vivir con esperanza. Que podamos acoger las palabras de la “Lumen Fidei” que acaba de publicarse: “La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que podemos apoyarnos para estar seguros y construir nuestra vida”.
Que podamos acoger hoy este amor en nuestro corazón.
Ciertamente, los “vacíos” de nuestro corazón cuando no nos sentimos amados como Él nos ama y no amamos apasionadamente, los llenamos de “adicciones”. Todos conocemos lo que es una “adicción”. Podemos quedar enganchados a la droga de la evasión, a la superficialidad, al activismo, al consumo compulsivo… podemos también quedar atrapados en relaciones sin libertad. Sólo quien  se siente amado y ama con pasión puede saborear la alegría del Evangelio.
“Los mandó… de dos en dos”. La misión que Jesús nos encomienda tiene un carácter comunitario, ha de realizarse de dos en dos, con el fin de mostrar con los hechos y la vida lo que se anuncia de palabra. No les envía en solitario, como jerarcas, sino en compañía, como amigos. La misión del evangelio sólo empieza donde existen al menos dos testigos, como signo de amor mutuo, como expresión de comunidad. Hacen falta hombres y mujeres con sentido de comunidad, que anuncien el Evangelio de la vida. Hoy necesitamos pequeñas comunidades de Iglesia en las que, de verdad, podamos compartir  nuestra  fe y nuestra vida ¿Apostaremos por estas pequeñas comunidades que sean lugares de vida, de crecimiento y de sentido?
“Pónganse  en camino, miren que les mando como corderos en medio de lobos”. En una sociedad que se nos presenta con frecuencia agresiva, competitiva, defendiéndose y atacando como “lobos”, estamos llamados a vivir de tal manera que, toda persona pueda descubrir que la vida,  a pesar de todo, es buena… Sí, “les mando como ovejas en medio de lobos”. Hoy necesitamos, más que nunca, ser más ovejas que lobos, hay ya mucha agresividad y mucho resentimiento en nuestra sociedad, se lanzan insultos y ataques que dificultan nuestro entendimiento y convivencia. Ciertamente, tenemos que preguntarnos: ¿podemos vivir de otra manera que no sea la de la defensa, la rivalidad y el ataque del lobo?
“No lleven talega, ni alforja, ni sandalias”. Esta primera indicación de Jesús nos desconcierta. No quiere crear una empresa económica. Quiere que vayan ellos, no que vayan con cosas ni quieran asegurar su tarea con dinero. Quiere que vayan sin la seguridad de una infraestructura económica, como testigos de gratuidad. Es como si nos dijera: “no confíen en los recursos materiales, ni se apoyen en los poderes de este mundo”; sólo así manifestaremos que nuestra confianza está en el Señor que camina a nuestro lado, sólo así podremos ser testigos de la paz.
“Cuando entren en una casa, digan primero paz a esta casa”.  La paz es la Buena Noticia que tenemos que anunciar. Paz a esta casa. Jesús pide a sus discípulos que pasen por los pueblos y lugares contagiando paz. Tarea nada fácil, pues sólo quien la posee en su corazón puede comunicarla de verdad. Nuestra misión consiste en  hacer presente esta paz: compartiendo, curando a los enfermos, despertando vida y anunciando la paz a todos. La paz es el signo de la Presencia de Dios en nuestro tiempo.    Que este Domingo, vueltos de corazón al Señor, podemos decirle: Señor Jesús, que sintamos la alegría de sentirnos amados (de que nuestros nombres están inscritos en el cielo), y que podamos decir a todos: está cerca de vosotros el Reino de Dios.

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