Buenas Nuevas

“Cuando entren a una ciudad…”

p12tonyAl encuentro de  la palabra… según San Lucas para la Lectio Divina
“Cuando entren a una ciudad…”
(Lc 10,1-12.17-20  XIV Domingo del Tiempo Ordinario)

P. Tony Salinas Avery
asalinasavery@fundacioncatolica.org
Lucas dándole continuidad al discurso del domingo pasado sobre los llamados que se excusaban, poniéndole muchos peros a su respuesta inmediata e incondicional, desea hoy afirmar con su estilo categórico que la vocación cristiana tiene su fuente de origen en “el Señor de la mies”. Nadie se puede arrebatar el privilegio de ser llamado. El ingreso a la comunidad de los discípulos y el testimonio no nacen de una particular predisposición o simpatía por el movimiento cristiano o de una candidatura o de intereses personales.
En el relato de hoy el evangelista enumera el interesante detalle de una lista de 72 discípulos, haciéndolos corresponder con un consecutivo valor simbólico de las 70 naciones que constituyen casi el tapiz multicolor de la humanidad en sus riquezas culturales, étnicas y espirituales. Convirtiéndolo también en emblema de la nueva cualidad de pueblo de Dios compuesto por naciones diversas, por múltiples culturas y diferentes estructuras sociales. A través de este detalle del número 70/72 se obtiene, así, un retrato de la Iglesia misionera y universal.
Un segundo elemento para quienes sean llamados a la misión, radica en que el anuncio y la aceptación del mismo por parte de los otros, no se puede hacer por la fuerza o la violencia, imponiendo el creer. Siempre habrá que ser “corderos mansos”, imagen de quien le invade desde lo más profundo la paz para comunicarla junto con el Evangelio. Pero el signo más importante para los anunciadores que entrarán en las ciudades, radica para el gusto espiritual de Lucas, en la Pobreza. El que proclama el Evangelio no puede estar apegado al dinero y al vestido, debe estar alejado de las pesadillas económicas y de la preocupación maníaca por el futuro, debe recibir lo que se le ofrece y donar lo que ha recibido. Su amor por los enfermos y por lo pobres le hace perder pronto “bolsas y alforjas”; su estilo no es el del lobo rapaz, sino el del cordero que se dona. Su ideal apostólico está en aquel intenso y fuerte autorretrato que nos ofrece Lucas de Jesús en 9,5: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
En resumen, “el equipaje” de los misioneros debe ser ligero: “ni bolsa ni alforja ni sandalias”. Y el camino hay que hacerlo con presteza: No hay que entretenerse con nadie (el largo saludo al estilo oriental). Interesante la relación de la misión con la casa: el saludo y la paz son “introducción misionera” en el ámbito de la familia. Ya se prevé, sin embargo, la posibilidad del rechazo: la paz aceptada; la paz ignorada. La relación con la casa de acogida se hace intensa: Compartir la comida y la bebida, desde la percepción de estar llevado hacia delante “el trabajo del Evangelio”. Las indicaciones sobre la casa se convierten en indicaciones sobre la ciudad: habrá también ciudades acogedoras del mensaje y ciudades que lo rechacen. Pero, en ambos casos, debe resonar el mensaje: El Reino de Dios ha llegado, que es el mismo contenido de la predicación de Jesús: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios: arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1,15).
Hermosa Lectio Divina, se puede hacer hoy para enriquecer nuestro camino misionero en estas nuevas ciudades del mundo, que ya superan la idea antigua de 70.

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