Opinión Punto de Vista

Bien común ante todo

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Martín Cáceres
Coordinador Fides Digital
mcaceres @unicah.edu

Honduras es un país digno de mejor suerte, que posee una riqueza natural que en muchas partes todavía permanece inalterado y por esta razón no puede seguir sumida en la pobreza teniendo tanta riqueza en su territorio.
Con una extensión de 112,492 km², como un ave que quiere remontar cimas y alzarse al vuelo, así es esta nación luchadora, de hombres y mujeres que trabajan denodadamente para sacar adelante a sus familias y por ende a la tierra que los vio nacer.
La crisis que abate a nuestra nación (en educación, salud, seguridad, transporte, empleo, servicios públicos, entre otros) deprime la economía familiar de los habitantes, tanto de la comunidad rural como de la urbana, que no ve la luz salvadora al final del túnel.
El salario que devenga un trabajador no alcanza para tantos gastos que tiene que hacer, por ejemplo en la compra de los productos básicos para vivir, que cada día ve como están por las nubes, imposibles de alcanzar, y que lo llevan al borde de la calamidad doméstica, que en la práctica enseña que es cualquier situación que afecte negativamente la vida del trabajador. Esta calamidad puede tratarse de la salud, la educación, la energía, el transporte, la vivienda y muchos otros aspectos del quehacer cotidiano de una persona.
¿Qué hacer para empezar a alejarnos de esa calamidad doméstica que nos asecha? Tenemos que observar ejemplos de naciones que con menos de lo que nosotros poseemos han sabido utilizar adecuadamente sus recursos, uno de esos países es Taiwán, que con una extensión territorial de 36.193 km² mucho menor que la de Honduras ha logrado el desarrollo y ubicarse en la lista de los países con una alta calidad de vida.
Poseemos un territorio apto para la agricultura -solo por mencionar uno de los recursos que tenemos- que bien utilizado para la cosecha de granos básicos serviría para abastecer a los casi 9 millones de habitantes de nuestra nación.
Y qué decir de los recursos hídricos, mineros, bosques, pesquería, luz solar, mareas, vientos, biomasa, petróleo (si es que existe en nuestro territorio) y una gran cantidad de recursos que no hemos podido aprovechar por la falta de iniciativas que tengan como fin primordial el bienestar de la población, ya que como afirma el Papa Francisco todos somos administradores responsables de la Casa Común por consiguiente la riqueza que de la misma se extraiga –en forma responsable- pertenece a todos siempre y cuando se practique una verdadera Justicia Social, o lo que se llama el bien común.
Teniendo como marco referencial todos los aspectos apuntados y que los recursos que poseemos para generar riqueza en nuestro país son enormes, podemos afirmar que la sombra de la calamidad domestica tiende a ir desapareciendo poco a poco siempre que las autoridades encargadas de generar bienestar social tomen medidas serias y responsables que beneficien a las mayorías desposeídas, que en los últimos años han aumentado.
Es tiempo de empezar a repartir equitativamente la riqueza adquirida de los recursos explotados en todo el país. Busquemos el desarrollo de cada comunidad respetando nuestra casa común y así lograremos tener una verdadera calidad de vida y el ejemplo de Taiwán lo podremos hacer realidad en nuestra nación.

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