Homilia

Homilía del Domingo 26 de Junio de 2016

p3homiliaHomilía del Señor Arzobispo para el XIII domingo del Tiempo Ordinario
“Te seguiré donde quiera que vayas”… (Lc. 9, 57-62)
Un hombre, con gran entusiasmo, quiere seguir incondicionalmente a Jesús y se acerca para decirle: “te seguiré donde quiera que vayas…”
En la época de Jesús el discípulo debía vivir con su maestro, ya que recibía sus lecciones compartiendo su vida… No aprendía una “materia”, sino un estilo de vida: aprendía a ser como su maestro, aprendía a vivir y a pensar como él, intentaba reproducir en su vida el ejemplo que era el maestro. En ningún momento dejaba de ser su discípulo, y por eso debía seguirlo constantemente, adonde quiera que fuera…
En este marco, el texto del Evangelio presenta la invitación de Jesús al seguimiento.
Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana, lo esencial es seguir a Jesús, no hay nada  más importante ni más bello y liberador en nuestra vida que seguirle a Él ¿Qué puede haber más urgente y necesario para los cristianos que despertar entre nosotros la pasión por la fidelidad en el seguimiento de Jesús? Jesús es lo mejor que tenemos (es el “tesoro escondido” en el campo) y  quisiéramos seguirle cada día. Nuestra religión nos ha presentado el seguimiento de Jesús como una renuncia. No se trata de renunciar, sino de elegir lo que de verdad es bueno y libera.
El Evangelio de hoy describe tres situaciones sobre el seguimiento para que  tomemos conciencia de que nada puede haber más urgente e inaplazable que seguir a Jesús:
En primer lugar, aparece un hombre ilusionado que quiere seguir incondicionalmente a Jesús  y le dice: “Te seguiré a donde quiera que vayas”….
Jesús le hace reconsiderar su ofrecimiento tan generoso, haciéndole ver como hasta los animales tienen sus refugios. En cambio, Él está totalmente desprotegido, y le responde con una imagen tomada de los animales: “Las zorras  tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el  Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”; es decir, que la decisión de seguir a Jesús no puede ser el resultado de un entusiasmo pasajero, sino el compromiso de toda una vida. Seguir a Jesús no es para lograr prestigio, poder o un falso refugio que da seguridad. Jesús le descubre que si quiere seguirle ha de aceptar vivir en la inseguridad y renunciar a una vida cómoda y tranquila.
Después aparece otro individuo a quién Jesús mismo lo invita diciéndole: “Tu sígueme”…  Y él reacciona pidiéndole retrasar la respuesta inmediata: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Este no parece tan ilusionado como el anterior. Es la postura de quien decide demorar las decisiones que deben tomarse; no quiere comprometerse; pone excusas a Dios para no responder a su llamada…La respuesta de Jesús es sorprendente: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Las palabras de Jesús no pretenden poner en discusión los deberes de la piedad familiar sino abrir al discípulo a una nueva misión. El Reino de Dios, es decir, el mundo nuevo, es más importante que la familia y las prácticas sociales.
Esa es la invitación que nos hace Jesús a todos nosotros. No seguir a Jesús es quedarse en el mundo de los que en realidad están muertos.  Él nos enseña así a ir lo más lejos posible en el camino de nuestra fidelidad.
Por último,  aparece un tercero para decirle: “Te seguiré Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”, es una buena excusa… pero excusa al fin, que hace retrasar el seguimiento de Jesús.  Jesús le responde con la imagen del arado y le dice que nada de mirar atrás, que el seguimiento sólo es posible con una decisión firme y constante. La comparación del arado aclara la cuestión: si alguno quiere arar pero va mirando hacia atrás, hará cualquier cosa menos  guiar bien su arado, sobre todo en una tierra dura y pedregosa como la de Palestina. “Quien siga mirando para atrás, no vale para el Reino de Dios.” No se puede jugar a dos cartas. Nada de titubeos, nada de componendas, ninguna concesión a las nostalgias; el seguimiento requiere una opción irrevocable.
Actualmente, los cristianos,  necesitamos poner en el centro de nuestra vida el seguimiento de Jesús: ¿Seremos capaces de escuchar hoy la llamada insistente de Jesús a seguirle en nuestra vida?.
No hay nada más bello que tratar de seguirle a Él cada día. Sólo siguiendo a Jesús es posible encontrar la felicidad y la paz del corazón que tanto necesitamos. Que experimentemos la alegría de ser seguidores de Jesús.
Que en este domingo podamos decirle: “Señor Jesús, tu eres la vida verdadera, la única que llena nuestro corazón. Por eso quisiéramos a seguirte hasta el final, donde quiera que vayas”.

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