Caminar Punto de Vista

Compromiso con la verdad

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Jóse Nelsón Durón V.
En su obra “Los hermanos Karamazov”, FiodorDostoyevski afirma que “si Dios no existe, todo es permisible”, es decir, el increyente concibe la vida estrictamente desde lo material, no tienen límites sus aspiraciones y para él “el concepto de pecado ha desaparecido por completo”; aunque aún conserva “el sentido de culpa” cuando se descubre como injusto, dispar o discordante frente a los otros. Entran en juego entonces, extrapolando este argumento a la sociedad, algunas actitudes y comportamientos de carácter moral y social que comprobamos son fundamentales en la indolencia y falta de compromiso, temor, apatía, relativismoy miedo de muchos, que están en contraposición con los principios y valores universales que la Iglesia ha divulgado por el mundo. En primer lugar, ya Dios no es necesario. Pasó de ser indispensable a ser cuestionado, desprestigiado, combatido e ignorado; como consecuencia, parte de la humanidad camina y sobrevive en la más completa indiferencia hacia los demás, inmersa en su propia incapacidad de salir de sí y de su sinsentido. La Iglesia, anunciada por su misma Cabeza, el Señor Jesús, de su accidentado destino en determinados momentos de la historia humana, por ser Su Cuerpo y depositaria de Su mensaje y de la fe, no está libre de estas consecuencias y continúa dando al Altísimo Dios sangre de mártires y sufrimientos graves en su dignidad, su caminar y hasta en sus iglesias, víctimas del fuego que incendia muchas almas.
La predicación irresponsable y superficial ha ido inoculando grave y lenta, pero certeramente en el corazón de algunas personas el relativismo, postura que dice que la verdad de todo conocimiento o principio moral depende de las opiniones o circunstancias de las personas y que debe respetarse el derecho de las personas a opinar y tiene que darse por válida esa opinión, sin importar que está equivocada. El relativismo, proféticamente anunciado por teólogos de la talla de Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, está retorciendo en su esencia más íntima los principios y valores cristianos desde que algunos grupos reclaman autenticidad de sus enunciados a partir de un supuesto derecho, abrogado por el ecumenismo de la Iglesia y por aseveraciones desinformadas. Es por eso que vivimos una rara situación en que todo es lo mismo y, mientras no haga mal, está bien. El problema es grave y debe ser analizado y tomado en cuenta en todos los foros y niveles, pero no con antojadizas preconcepciones. La ideología de género, por ejemplo, quiere promover una cosa rara: la sexualización de los niños educándolos en esa materia desde su nacimiento con apoyo de organismos internacionales; enseñándoles la masturbación y el uso de condones sin diferencia entre sexos, en aras de la libertad sexual, homosexualismo y hasta el nuevo género “no binario”, es decir, ni hombre ni mujer, como ya apareció un(a, o no sé qué) en el norte de América. El empuje relativista y desmoralizador, entusiastamente promocionado por opositores de la Iglesia, va calando en muchos ambientes y personas, silentemente, ganando adeptos, como trabaja el mismo “príncipe del mundo”, convencido de que si nos mordemos y devoramos unos a otros acabaremos destruidos todos (Cfr Gal. 5,15).
Es por ello que la Palabra de Dios nos llama a aferrarnos a lo verdadero y a tener un compromiso serio con la Verdad y con nuestra misión en la tierra: «El que toma el arado y sigue mirando hacia atrás, no vale para el Reino de Dios» (Lc 9,62) Los valores milenarios enseñados por la Iglesia vienen directamente del corazón misericordioso del Señor Jesús, prolongados a través de la historia por los santos apóstoles y sus sucesores, los Obispos, bajo la tutela y bondadosa mirada del Señor Jesús que prometió a Su Iglesia estar todos los días con nosotros hasta el fin de los tiempos.

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