Diócesis La Ceiba

Jóvenes lencas cumplen su acariciado sueño

Jóvenes lencas cumplen su acariciado sueño
Seis adultos y 48 jóvenes de Opatoro, La Paz viajaron por horas para estar presentes en la Jornada Nacional de la Juventud, y aprovecharon  su excusión para conocer las ciudades que están en el trayecto. Ahorraron un año para logar esa aspiración.
Texto y fotos: Rolando Obando
roja_obando@yahoo.com
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La excursión estaba preparada para salir y prevsita para llegar a Tocoa, era un largo el trayecto. Viajaron  en un bus que no reunía los estándares de calidad, de elegancia y comodidad,  Era un bus de ruta interurbano, sin aire acondicionado, sin asientos pulman, eran asientos firmes corridos incomodos, pero eso no fue motivo de tristeza, menos de desánimo, al contrario el poder viajar en ese bus, era el inicio de un sueño que se cumplía.
Como  buenos cristianos, durante el largo camino los excursionistas  se dedicaron a orar y a cantar, ya que entre ellos viajaban jóvenes talentosos que saben cómo ejecutar cualquier instrumento musical entre ellos unas guitarras, las cuales sacaban tonadas alegresy románticas, cantos cristianos. Así emprendieron su viaje hacia Tocoa para participar en la Sexta Jornada Nacional de la Juventud, un grupo de lencas, de esa étnia olvidada que puebla la frontera con El Salvador, pertenecen a la Parroquia Sagrada Familia del municipio de Opatoro de la Paz. Opatoro se encuentra al Sur del Departamento de La Paz, a 36 km de la cabecera departamental y colinda al Sur con la República de El Salvador.
Tenían como objetivo participar en la Jornada y lo hicieron, pero también conocer las ciudades que estaban en el trayecto entre ellas Ceibita la Bella. Hoy les traemos la vivencia de estos y estas jóvenes que venciendo todo obstáculo, cumplieron su sueño.

ADELANTE PESE A LAS ADVERSIDADES Nos narraron  que cuando el  padre Maximiliano Chavarría,  les preguntó: ¿quieren ir a la Jornada Nacional de la Juventud en la ciudad de Tocoa?, Todos gritamos llenos de euforia, !si queremos!El sacerdote les dijo: Entonces a trabajar se ha dicho, siembren la tierra, levanten las cosechas y ahorren.
Fue de esa manera como pudimos cumplir nuestros sueños, trabajamos duro la tierra que Dios nos dio. La tierra que nos alimenta, fue todo un año guardando un peso, cada día, la meta era lograr ahorrar mil Lempiras cada uno.
Esa cantidad para muchos se gasta en una noche de rumba y de baile, de compras de un fin de semana, pero para estos hermanos lencas era fruto de sudor, lágrimas, esfuerzos y sacrificios de todo un año, para poder lograr asistir a la Jornada y aprovechar de paso dar un tours por las ciudades por las cuales pasarían.
Fueron recibidos y atendidos en Tocoa por un grupo del Club Rotario, donde les consiguieron alojamiento, durmiendo unos en cama otros en el suelo, pero felices.
Lo más elocuente de esto es qué ellos cargaban en sus mochilas arroz, frijoles, queso, plátanos, como dijeron ellos, alimento sagrado de la madre tierra.  Ellos preparaban sus alimentos, porque no podían gastar el poco dinero que llevaban en sus bolsillos. Tenían que estirar ese dinero de cualquier forma, si era posible regresar a casa con un par de pesos en su bolsa.

UN VIAJE MÁGICO  Después de la Vigilia de la Jornada Nacional, el día Domingo se dispusieron continuar su ruta, y viajaron a Trujillo, lugar encantador por sus bellas playas, y su historial colonial. Pero ellos querían llegar a La Ceiba, el día martes lo lograron, estaban un  poco agotados, por el largo trayecto, pero felices y maravillados de todo lo que iban conociendo de cada ciudad por la cual pasaban.
Me llamaron para recibirlos  y brindarles un paseo   por la ciudad. Antes de recibirles me apersone a las oficinas de Turismo Municipal, buscando me brindaran ayuda como serbrouchurs, hojas volantes, panfletos, donde pudiera obtener información de nuestra bella ciudad. Tuvimos que hacer nosotros el roll de guía.
Una vez que los hermanos Lencas llegaron a la ciudad encabezando la excursión el joven sacerdote Maximiliano Chavarría, en la compañía de 6 adultos y 48 Jóvenes curiosos y ansiosos por conocer a la mayor brevedad lo que tanto habían soñado, me lleno de mucha satisfacción el mirar que a pesar de sus limitaciones económicas, culturales, y sociales, había en ellos lo que muchos seres humanos hemos perdido;  humildad, sencillez, caballerosidad, atención y obediencia.
Mostraron su mejor cara de educación, el sacerdote Maximiliano, como le dicen cariñosamente, los controlaba mediante un Caracol grande con el cual nuestras etnias garífunas usan para sus bailes de punta.
El sacerdote le sacó buen provecho al caracol usándolo como un instrumento de viento y al agudo silbido los hermanos Lencas, atendían de inmediato. Sin preguntar, sin murmurar, simplemente obedecían el llamado.
Eso me impresionó, y ver cómo sin palabra alguna se formaban en fila india, uno tras otro. En silencio y en posición de escucha.
Lo primero que solicitaron fue conocer la Catedral San Isidro, por que deseaban ir al altar y con mayor devoción al Santísimo a dar gracias a Dios por permitirles llegar con bien al lugar donde ellos deseaban estar, y agradecer a Dios, ese maravilloso sueño convertido en realidad.
Conocieron la Catedral, la Plaza Central, la Municipalidad, el Muelle Fiscal, el paseo de los Ceibeños, etc, etc.
La tarde llegaba a su final y su gira continuaba rumbo a Santa Cruz de Yojoa, marchándose de la ciudad de la Ceiba, no sin antes agradecer la hospitalidad recibida y,  sobre todo a Dios, y lo hicieron de una manera muy singular con cantos y bailes, se tomaron todos de las manos y con alegría cantaron a todo pulmón y bailaron como si fuese su primer y última canción.
En sus rostros se dibujaba una enorme y agradable sonrisa y en sus palabras sólo decían: ¡Volveremos a Ceibita la Bella!.

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