Diálogos "Fe y Razón" Punto de Vista

Sorpresas y sobresaltos

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Sorpresas y sobresaltos
AmorisLaetitia/9
Diac. Carlos Eduardo  
carloseduardiacono@gmail.com
Por fin se casaron. Fueron de luna de miel y todo fue maravilloso. Regresaron a casa y han pasado días abriendo aún unos regalos, afinando los planes para su hogar y cada vez más enamorados. Pero un buen día tuvieron una sorpresa estupenda, o puede ser que alguno haya tenido un gran sobresalto. ¿Problemas en el horizonte?  ¡No, por favor, todavía no!.
El noviazgo, me parece a mí, debe ser utilizado para preparar la vida de casados, a través de dos estrategias. En primer lugar, pasando juntos el mayor tiempo que sea posible (todos están de acuerdo en esto y lo hacen voluntariamente y con agrado). En segundo lugar, tratando de conocerse mutuamente lo mejor que se pueda (lo que no todos hacen o lo hacen sin profundizar). En la medida en que esto no haya sido bien realizado, en esa misma medida aparecerán más temprano que tarde sorpresas y sobresaltos, e incluso hasta incompatibilidades.
Aunque hay sorpresas agradables y desagradables y sobresaltos por temor o por una emoción placentera, aclaro que -haciendo uso de licencia de autor- estoy usando la palabra “sorpresa”para referirme caprichosamente a las de connotación positiva y “sobresalto” (también caprichosamente) para aludir a sustos y acontecimientos desagradables. Así las cosas, los nuevos esposos se llevan la grata sorpresa de descubrir en su cónyuge un valor, una habilidad, un carisma que no le conocía aún. Pero, “a contrario sensu”, también descubren defectos, resabios y hasta vicios, que no habían sido detectados, ya sea porque fueron ocultados por pudor, o porque no fueron vistos por quien no quería ver. No lo critico, simplemente lo describo y lo comprendo: nadie quiere romper la magia que es la atmósfera adecuada del noviazgo.
Los descubrimientos pueden ser o no fáciles de digerir. Uno descubre que ella archiva la ropa que ha usado en el piso del baño. La otra se da cuenta que a él hay que presionarlo para que se lave los dientes. El marido se da cuenta de que se equivocó pensando que a ella no le gustaban las telenovelas. Y ella no sabe por qué se le ocurrió que él era capaz de darle mantenimiento al jardín. ¡Qué interesante averiguar que ella es buena para la contabilidad, o que él sabe cambiar pañales!
Quienes se casan deben saber que siempre llegará la hora de las sorpresas y los sobresaltos y que deberán transitar por ella con comprensión y cariño hacia el otro. El Papa Francisco  indica que “los recién casados tienen que completar ese proceso que debería haberse realizado durante el noviazgo” (AL 217). Y pide a otras familias de la comunidad acompañar la andadura de los nuevos esposos en los primeros años.  Pero recalca que ellos son los protagonistas, quienes deberán excusar las debilidades de su cónyuge en razón de las propias, y decidir no hacerse censor inmisericorde de los defectos que encuentra. Bien por los que se hacen cómplices, o al menos tolerantes con su otra mitad. Esta podría ser una buena estrategia para luego influir en él o ella y lograr, si no  un cambio total, al menos un mejoramiento, fruto del amor que todo lo puede y vence.

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